Curiosidades de ciencia

Tarde de serenatas

21 Abril, 2017

La visita de Madame Curie y su hija Ève a Granada (1931)

Hilvanar con pequeños retazos lo ocurrido hace 86 años en el brevísimo periodo de tiempo que discurre entre dos atardeceres primaverales, representa una tarea minuciosa para alguien con dotes periodísticos, y que tenga la habilidad de manifestar con imparcialidad y neutralidad sus opiniones. La visita a Granada de Marie Curie y su hija Ève, el 28 y 29 de abril de 1931, apenas dejó vestigios, salvo unas breves reseñas en el periódico El Defensor de Granada, una fotografía en el Patio de los Leones, y unos sucintos comentarios de la propia científica en sus cartas personales. Estos documentos han sido desmenuzados con la serenidad de un cirujano para engendrar una entrada llena de subjetividad, entusiasmo y libre albedrío.

El contexto en el que se produce la visita es muy singular, apenas 14 días después de la proclamación de la Segunda República Española, y en un ambiente de ilusión y euforia por transformar y modernizar el país. La revolución espiritual europea contra el aire sofocante y enrarecido de lo tradicional acabó contagiando a España. Aquél fue un ambiente de entreguerras donde lo novedoso y extravagante era bienvenido; un periodo trepidante en el que la gente recibía con entusiasmo los descubrimientos y adelantos científicos, que eran objeto de debate en las tertulias de los cafés. Madame Curie y Albert Einstein eran personajes públicos de alcance internacional; tan conocidos como lo son hoy Messi y Cristiano Ronaldo (para mostrar cómo hemos involucionado). Marie Curie resume así su impresión de nuestro país en una carta que dirige a su hija Irène: “El ambiente que vemos en la joven República es de alegría, y emociona ver qué confianza tienen en el porvenir los jóvenes y muchos de los mayores. Deseo muy sinceramente que no sufran demasiadas decepciones”. No sabía la pobre mujer lo que nos tenía preparado el futuro, a los europeos en general, y a los españoles en particular.

Aunque el viaje por España tenía un carácter privado, el gobierno provisional de la República, encabezado por Niceto Alcalá-Zamora, puso a disposición de la científica (que ya había sido galardonada con los dos premios Nobel) un vehículo del Servicio Rápido Militar, con chófer incluido. Lo de “Rápido” era una sutileza republicana. Marie Curie tenía 64 años, y su joven hija apenas 27. Se sabe que el coche pasó a las siete en punto de la tarde del 28 de abril por la Calle Real de Pinos Puente, procedente de Córdoba, y que llegó a las puertas del Hotel Alhambra Palace de Granada poco antes que desapareciera la luminosidad de la tarde.

Dado el carácter reservado y un tanto hosco de la polaca, poco dado a las lisonjas y a los aplausos (Einstein decía de ella que tenía el alma de un arenque), no quiso anunciar ni dar conocimiento alguno de su llegada. Pero no contaba la buena señora con el espíritu resuelto y emprendedor de los andaluces a la hora de agasajar, quiera o no el invitado. El chivatazo partió del Sr. Antonio Gallego Burín, profesor de la Universidad de Granada, que ocupaba entonces el cargo de delegado del Patronato Nacional de Turismo. Don Antonio envió un telegrama anunciando la visita de las Curie y, en tan solo unas horas, el alcalde de Granada, el Gobernador Civil, algunos concejales y varios decanos de la Universidad, improvisaron un desfile estudiantil para recibir a tan ilustre visita. “Al descender del automóvil un grupo de estudiantes del primer curso de Medicina recibió a las recién llegadas dispensándoles una cariñosa acogida. Según parece, la tuna de Medicina salió al quite con unas cuantas serenatas, y se pueden imaginar la cara de sorpresa de las dos damas ante unos jovenzuelos con capa pegando panderetazos al ritmo de “Clavelitos”. Después de esta profunda emoción, lo mejor les estaba esperando en el vestíbulo del hotel: “a su entera disposición señoras“, dirían con una reverencia todos los caballeros ilustres de la ciudad. Aquí me voy a permitir hacer un inciso: yo me veo en esa situación, y también descubro el radio, el polonio y hasta el uranio.

A la mañana siguiente, la comitiva estaba de nuevo esperándoles para visitar la Alhambra. En este punto deben fijarse en la fotografía. Marie Curie es una mujer mayor, que viste de manera espartana y un tanto humilde; no se puede pedir glamour a una señora que se ha pasado la vida en la penumbra de un laboratorio. Tiene un semblante serio y sostiene con desgana un ramo de flores que parece que va a echar de un momento a otro a los leones. En su lenguaje corporal se interpreta que está hasta las narices de tanto agasajo. Si en alguna ocasión desean homenajear a una dama, regálenle un bonito prendido; no hay mayor gesto de cortesía que dejarle las manos libres. A su izquierda está Ève, con una postura muy interesante. Parece ausente, mirando al infinito, como si no quisiera robar protagonismo alguno a su madre. La joven Curie despertó una gran admiración entre los estudiantes y en la prensa granadina: “Como teníamos anunciado, ayer tarde llegó a nuestra ciudad la ilustre científica Marie Yhlodovoska (sic) de Curie, acompañada de su bellísima hija”. “Nuestra cordial bienvenida a la preclara doctora y a su simpatiquísima hija”. Todo son superlativos para la niña. Más tarde, en sus cartas personales, Marie Curie reconoce las conquistas de su hija en este viaje por España.

Ève Curie encarnó como ninguna mujer el espíritu feliz de los años veinte y fue una adelantada a su tiempo. A diferencia de su madre y su hermana Irène (también Premio Nobel de Química), Ève se decantó por las artes y la literatura. Fue una magnífica concertista de piano, una escritora muy notable y una periodista audaz. Trabajó como corresponsal de guerra en numerosos países de África y Asia, y fue una de las primeras mujeres europeas en dirigir un periódico de alto alcance. En su obra “La vida heroica de Maria Curie, descubridora del radio“, Éve se despoja de toda objetividad para dedicarle un guiño a su madre, desde la sutilidad del amor y la admiración que solo una hija puede mostrar. La joven Ève, que encandiló a la tuna granadina, murió en 2007 con 103 años y una vida a sus espaldas repleta de hazañas y aventuras.

Las Curie fueron unas huéspedes ejemplares: visita corta y marcha rápida. En el vehículo de la República se alejaron aquellas dos mujeres que volaron por los aires todos los esquemas de la época. Lean con detenimiento la despedida que les dedicó la prensa granadina: “Nuestras autoridades cumplimentaron a la insigne viuda de Mr. Pedro Curie y a su hija, despidiéndose momentos más tarde”. Mr. Pedro (¿Monsieur?) llevaba 25 años criando malvas en un cementerio parisino, pero aún recogía el buen hombre los laureles del reconocimiento. Ya lo dijo Einstein: “una de las claves del éxito es mantener la boca cerrada”.           

 

© Fotografía: Torres Molina. Archivo de Abc

También te puede interesar

21 Comentarios

  • Responder José Cañas 22 Abril, 2017 a las 11:57 am

    ¡Qué interesante! Me encantó. Desconocía esa visita de tan importantes científicos a la ciudad de Granada. Leí cada una de tus palabras emocionado y disfruté del relato de la visita. ¡Enhorabuena, Rosa! Y gracias por conjugar con tanta maestría arte y ciencia.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 22 Abril, 2017 a las 5:21 pm

      Una alegría maestro saberte ahí. Tú si que tienes arte y mérito, ya que transmites a los alumnos la grandeza de poder contar todo lo que imaginan. Enseñar a pensar, ni más ni menos. Teresa tiene esa “muesca” para siempre. Gracias

  • Responder Antonio Parrlla. Muñoz 22 Abril, 2017 a las 4:01 pm

    Querida Rosa:
    No quisiera repetiré mucho; paro hija sí es que estas lo mismo para un roto que para un descosio. Podrías dedicarte perfectamente al periodismo; pero claro en estos tiempos que vivimos, tendrías que aprender a mentir, y a eso seguro que no te podrías acostumbrar, sí dependieras de una editorial o periódico; pues los tiempos son de “cuidado”.
    Volviendo a mis elogios; decirte que me gusta tu forma de sacar de la nada, los comentarios de una noticia cierta y muy escueta; y esto si es periodismo, histórico claro.
    Sueño con poder hacer esto algún día, pues pienso que aunque difícil y laborioso, dado el tiempo y esfuerzo dedicado a buscar historia relacionada, sí se le pone, como tú lo haces, cariño, atención, un poquito de humor y ( mas difícil aún) imparcialidad… puede salir un jugoso artículo como el que nos has presentado.
    Un saludo.

  • Responder Rosa María Mateos Ruiz 22 Abril, 2017 a las 5:27 pm

    Gracias Antonio. Cariño, atención y un poquito de humor le pongo a todas las entradas, pero de imparcialidad ando más coja que un flamenco rosa. A pesar de mi faceta científica, pienso que toda realidad hay que aderezarla con grandes dosis de ficción. Un abrazo, amigo.

  • Responder Luis González de Vallejo 22 Abril, 2017 a las 6:08 pm

    Hola Rosa: me has hecho reir con tu gracia y humor describiendo el viaje de las Curie…. y me he imaginado que si el mismo Luis García-Berlanga te hubiera leído, habría tenido un buen material al estilo de las escenas de “Bienvenido Mr.Marshall”. En el fondo solo 22 años separaban su película de la visita a Granada.
    Un fuerte abrazo,
    Luis

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 22 Abril, 2017 a las 11:44 pm

      Ja,ja,ja. Es verdad, hay algo de Berlanga en la historia. A la tuna de Medicina se les olvidó llevar a unas cuantas flamencas, y se hubiera completado el cuadro. Qué arte tenemos los españoles para agasajar. Que no se pierda nunca el humor.
      Un fuerte abrazo Luis.

  • Responder Javier Bonatti 22 Abril, 2017 a las 6:37 pm

    Bueno, de tal palo, tal astilla. La laureada Madame Curie era, según el dicho de mi madre, floja de rabadilla. Alguien también diría: un tanto, ligera de cascos !!! Son muy conocidas sus aventuras con el físico Langevin (nosotros los físicos siempre con las químicas !!!).
    Era sin duda una mujer bella y extremadamente inteligente. Su hija tenía que serlo también y en verdad fue una belleza centenaria, ya que vivió mas de cien años.
    Un abrazo J&B

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 22 Abril, 2017 a las 11:47 pm

      Lo de “floja de rabadilla” me ha encantado; me lo apunto. Sí, la Curie no era tan “arenque” como apuntaba Einstein. Se enamoró hasta el tuétano de Langevin y casi le costó su segundo Nobel. Más apasionada de lo que aparenta en la fotografía. Gracias Javier, y un beso transoceánico para ti.

  • Responder HOMO SAPIENS "CANIJUDIENSIS" 22 Abril, 2017 a las 7:47 pm

    Estimada bloguera, si me lo permite, quisiera centrarme en este cándido comentario de la insigne investigadora Madame Curie:
    “El ambiente que vemos en la joven República es de alegría, y emociona ver qué confianza tienen en el porvenir los jóvenes y muchos de los mayores. Deseo muy sinceramente que no sufran demasiadas decepciones”.
    Por desgracia todos sabemos cómo terminó aquella ilusionante etapa de nuestra historia, que tan mezquinamente están tratando ahora de tergiversar los sátrapas de siempre con su particular revisionismo. España perdió la oportunidad de salir del obscurantismo y entrar en la era de la razón y la modernidad. Así nos va.
    Para muestra un botón: la LOMCE (empleabilidad versus comprender, pensar, dudar, contrastar) ha tenido a bien mermar severamente en el Bachillerato, entre otros disparates en las ramas de Ciencias Sociales y Humanidades, las asignaturas de Historia Contemporánea y Literatura Universal.
    Dentro de unos años los lectores de su blog se preguntarán, por ejemplo, quién “cojones” (con perdón, culpa de la LOGSE sin duda) es esa tal Madame Curie de la que nos habla. ¿He dicho, se preguntarán? ¡Qué paradoja! Y qué retorcida intencionalidad tienen en todo lo que perpetran nuestros nunca bien ponderados políticos de turno, ¿verdad?
    Sempre és un plaer llegir les seves entrades.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 22 Abril, 2017 a las 11:56 pm

      Eliminar la Historia y la Literatura Universal de segundo de Bachillerato es una atrocidad. Tendremos muchos tecnólogos iletrados, que es lo que quiere el sistema. Se nos olvida que la mayor grandeza del “Homo sapiens” es su capacidad de inventar historias y contarlas. La Ciencia también se está contagiando día a día de la incultura. Una abraçada.

  • Responder Carmen 22 Abril, 2017 a las 9:22 pm

    Gracias una vez más, Rosa, por saber tanto y contarlo tan bien.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 22 Abril, 2017 a las 11:50 pm

      A ti por leerlo con tanto cariño. Este beso para ti no cruza el Atlántico, sino el Mediterráneo.

  • Responder Consuelo Martinez 23 Abril, 2017 a las 5:24 pm

    Me encanta leerte Rosa, además de aprender siempre con tus escritos disfruto mucho . Besos Consuelo

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 23 Abril, 2017 a las 6:42 pm

      Gracias por el piropo Consuelo. Si además de aprender, disfrutamos, este blog ya no tiene que justificarse. Un abrazo.

  • Responder La cuñá 23 Abril, 2017 a las 7:48 pm

    Has dejado lo mejor para el final…. Insigne viuda de Mr Pedro Curie?..¿… Es que la pobrecita no tenía nombre?..hay que fastidiarse. Por suerte, creo que a nuestras hijas eso no les va a pasar !menudo carácter!!!!
    Un gusto leer tus historias. Besos

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 23 Abril, 2017 a las 8:33 pm

      Razón tienes!!!!! La pobre mujer había revolucionado la física y la química, pero seguía siendo la insigne viuda de…..
      Afortunadamente ahora se oye mucho: “éste es el marido de…” “el compañero de……”.
      Algo bueno que tenemos las españolas es que no perdemos nuestro apellido de solteras.
      Nuestras hijas…………¡¡¡ que se vayan preparando los ilustres caballeros!!!!!
      Gracias por tus anotaciones. Un beso

  • Responder Dora 24 Abril, 2017 a las 9:15 pm

    Como siempre, enseñándonos y haciéndonos reir con esa prosa impecable que te adorna. Me extraña que aún no hayas inventado el radio, el polonio y el uranio porque creo que todos los que te leemos también te cantaríamos, te aplaudiríamos y te diríamos “a su entera disposición, señora” y, por favor, siga entreteniéndonos y ilustrándonos con su sabiduria y su afilada prosa.
    Un abrazo!

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 24 Abril, 2017 a las 9:30 pm

      Ufffff, vaya subidón de autoestima que me acabas de regalar. Seguiré inventando lo que pueda a la vista de lectores tan, tan agradecidos. Un lujo.
      Gracias mil por el chute de ilusión.

  • Responder Yiyo 27 Abril, 2017 a las 10:47 am

    Disfruto mucho de estas historias cotidianas de los que a veces , de tanto encumbrar, pensamos vinieron de otros planetas para hacer aportaciones a esta humanidad. Me recuerda que son personas con sus normalidades y que han hecho del esfuerzo, la constancia o simplemente la convicción una manera de vivir.
    Estoy convencido que estos relatos nos traerán un día un buen libro…………….acuérdese usted entonces de este grupo de seguidores y agasájenos con una fiesta para celebrarlo, que hay días que me pregunto que rostro puede tener alguien que se llama así mismo homo sapiens canijudiensis…. ja, ja ………
    Un beso de fan seguidor

    • Responder Rosa 27 Abril, 2017 a las 11:00 am

      Pues es verdad, Marie Curie era una mujer normal y modesta. No se si llegó a entender el alcance de “Clavelitos” o “Cielito lindo”, pero aguantó el tirón.
      Veremos posibles iniciativas futuras….. Soy perezosa.
      Ah, estoy de acuerdo con que hay que desenmascarar al “Canujidensis”.
      Un abrazo grande, grande

    • Responder HOMO SAPIENS "CANIJUDIENSIS" 28 Abril, 2017 a las 5:34 pm

      Estimado Sr. Yiyo, reconocido fan de nuestra querida globera y cuñada suya para más señas, dato éste que resalto no por puro cotilleo si no como advertencia y recordatorio de aquello que tanto le amedrentaba al pobre de Damocles y que no sé si a usted puede influirle a la hora de sus réplicas. Creo recordar que en este mismo blog ya ha surgido en alguna ocasión el truculento y siempre resbaladizo tema de las relaciones con la familia política de cada uno.
      Quisiera comentarle que lamento que su interés por mi persona no se dirija al contenido de mis réplicas y contra-réplicas a las siempre interesantes entradas de este blog, y se limite al rostro que pueda aparentar este modesto “homo sapiens canijudiensis”.
      A la espera de esa fiesta, propuesta que también apoyo sea por el motivo que sea; puedo adelantarle que su decepción puede ser máxima cuando compruebe que mi aspecto no difiere mucho de un vulgar y coetáneo “homo sapiens”.
      Presento una marcha bípeda completa con postura totalmente erguida; una capacidad craneal de hasta 1.500 cm. cúbicos, o eso espero, dientes más bien pequeños y mandíbula corta en comparación con otros homínidos y, gracias al uso del fuego, un sistema digestivo adaptado a un tipo de alimentación más elaborada que nos hizo evolucionar de especie “homo sapiens sapiens” a la actual “homo sapiens”. Esto último no acabo de entenderlo muy bien: perdimos un grado de “sapiens”… por culpa de la comida… por la comida basura supongo.
      Quizá mi única particularidad sea la de mi menudencia física, de ahí quizás lo de quedarme en “canijudiensis”.
      Por otra parte siento que nuestra querida globera acepte su malévola sugerencia, no por el hecho en sí, ella me conoce y en su mano está, si no por hacerlo cometiendo una vez más uno de sus adorables gazapos… Puede que efectivamente a partir de ahora firme mis intervenciones como “homo sapiens CANUJIDENSIS”.
      Sr. Yiyo, que no ens faltin mai l’humor ni, com tan sàviament apunta, les històries quotidianes que tan a bé té a regalar-nos la nostra estimada bloguera.

    Deja una respuesta