Literatura

El Cagapenas

28 diciembre, 2017

Cuando le comenté a mi madre a lo que finalmente me iba a dedicar,  dijo que era mi problema si quería tirar por la borda todos los estudios, y que tendría menos futuro que un buzo en el desierto. Pero mira por dónde me gano la vida bastante bien, no tengo competencia laboral y ando cada día con más trabajo. La gente necesita mis servicios y contribuyo humildemente al bienestar de la sociedad. El lema de mi empresa es: “siempre hay alguien que está peor“. Para cubrir todos los escenarios posibles tengo tres biografías en el portafolios. La primera es suave: tan solo hablo de mi reciente viudez y de la hija autista que requiere mi atención las veinticuatro horas del día. Si la pena del cliente es mayor, me paso a la segunda vida: entonces me convierto en un pobre hombre sin trabajo que tiene que bregar con una madre paralítica, una mujer alcohólica y un hijo pequeño tuerto del ojo derecho. Es la historia que más suelo contar porque la tercera la guardo únicamente para las ocasiones extremas: soy un joven marcado por una infancia de hospicio, desahuciado por un cáncer terminal y que ha tenido la desgracia de enterrar a dos hijos y una mujer; perecieron los tres en un incendio que calcinó nuestra casa y todas las pertenencias.

Me muevo como Pedro por su casa entre los pasillos de los hospitales, los cementerios y los velatorios. Voy siempre muy pulcro y arreglado, porque uno es triste pero digno, y llevo en el bolsillo unas falsas gafas bañadas en polvos de pimienta para soltar la lágrima fácil cuando se tercie. Me contratan los familiares para aliviar las penas de sus seres queridos, a treinta euros la hora. Dos tardes a la semana voy a una clínica psiquiátrica. Los médicos me utilizan como terapia de choque para los pacientes más graves, porque el coaching no les funciona. Allí he llegado a utilizar la versión “3” ampliada. Soy un profesional dando veracidad a mis lamentaciones. Tanto es así que al final siempre acabo como confidente: los clientes se sueltan, adoptan el papel de consejeros y terminan por consolarme ellos a mí. Después de siete años de profesión puedo certificar que nada reconforta más que saber que hay alguien a quien le va peor que a uno. Es una verdad como un templo que a todos nos gusta comparar.

A veces me llevo grandes sorpresas. El otro día estaba en un velatorio contándole a una viuda la versión “2”, cuando la señora me agarra de la mano y me dice: “no insistas muchacho, si yo estoy también disimulando. No te puedes hacer una idea lo contenta que estoy. Este desgraciado (señalando al finado) me ha dado muy mala vida, y por fin está el puñetero criando malvas”. Invité a la viuda a un carajillo en la cafetería del tanatorio para celebrar su buena suerte. Con estas anécdotas he comprobado que no soy el único que le echa teatro a las penas; algunos mienten más que hablan y exageran los sufrimientos.

Mi madre me ayuda en el trabajo, toma buena nota de los recados y de las particularidades del cliente, además de llevar la contabilidad. Ahora estamos ultimando la campaña de post-Navidad, porque la cuesta de enero es nuestra rampa de lanzamiento. Aunque la gente ande con menos liquidez, los problemas con la familia se han multiplicado y algunos vienen los pobrecillos necesitados de doble sesión. Estoy con la redacción de una nueva biografía para estos casos, donde a mis desgracias habituales añado la traición de un cuñado – el marido de mi hermana la coja- que me robó un décimo premiado de la lotería y se marchó a las Seychelles.  En estas noches tan frías nos ponemos una copita de chinchón con el surtido de mantecados, y repaso con mi madre los servicios realizados a lo largo de la jornada. Nos dan las tantas en la mesa camilla con una risa tonta….. que no podemos parar.

 

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23 Comentarios

  • Responder Marisol Ramírez Verdejo 28 diciembre, 2017 a las 5:50 pm

    anda que no tiene retranca el articulito y la mala follá de la risa final. Me parto prima. El cuñao de las Seychellles, bordao.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 29 diciembre, 2017 a las 4:43 pm

      Un poco de mala follá tiene. Está escrito desde “Graná”, y es inevitable. El cuñao se fue a las Seychelles y aún no ha vuelto. Un gran abrazo y FELIZ AÑO!!!!!!

  • Responder Pedro Conesa 28 diciembre, 2017 a las 6:53 pm

    No deja de sorprenderme lo bien que perfilas y defines el personaje con cuatro pinceladas… Eso está al alcance de muy pocos, no lo pierdas.
    Felicidades por otro muy buen post, y ya que estamos, feliz año nuevo… con mucho más y mucho mejor, espero.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 29 diciembre, 2017 a las 4:47 pm

      Gracias Pedro. El de hoy era más literario y, sí, cuesta definir los personajes con pocas palabras. Fue un reto que nos plantearon en un taller de escritura creativa. Definir un personaje con un oficio imposible.
      Un gran abrazo y feliz año amigo!!!!!

  • Responder Dora 28 diciembre, 2017 a las 7:02 pm

    Buenísimo!!

  • Responder Margarida Valverde 28 diciembre, 2017 a las 7:17 pm

    Tronchante, muchas gracias. Un fuerte abrazo
    Feliz entrada de año 2018 !!!

  • Responder Antonio Parrilla Muñoz 28 diciembre, 2017 a las 8:02 pm

    “Pos anda Rosa, que alivio mas dao”!!
    Yo que estaba pensando en que lo mio era lo peor y mira por donde, llegas tu con esa gracia que Dios “ta dao”, y me das la solución…,pero con mas gracia; al final “mantrao” esa risa tonta que quiere arrancar por carcajada, pero que te hace reír con la boca cerrada.jm, jm, jm.
    Muy bueno, Rosa y el título de escándalo…, como te las apañas !!
    Magnífico!!

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 29 diciembre, 2017 a las 4:52 pm

      Jajaja. Es un personaje muy útil. No se cómo no se le ha ocurrido a nadie antes. Es verdad que los problemas se relativizan cuando escuchas los de los demás. Es un alivio.
      Un gran abrazo amigo, y gracias por tu fidelidad.
      FELIZ AÑO!!!!!

      • Responder Antonio Parrilla Muñoz 2 enero, 2018 a las 9:30 pm

        Gracias a tí por tu s escritos y mantener “la chispa de la vida”
        Un abrazo.

  • Responder Rafa 28 diciembre, 2017 a las 8:33 pm

    El humor, aunque sea negro, es una terapia en este mundo tan sensiblero-que no necesariamente sensible- en que nos movemos y en el que el pudor y la dignidad no son moneda corriente. Aunque el dolor y el sufrimiento son realidades incontestables no siempre salen a luz. Al menos no tanto como la explicitación quejumbrosa o “quejica”. Gracias por hacernos sonreír y pensar .

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 29 diciembre, 2017 a las 4:56 pm

      Tienes razón. El humor siempre es una terapia, una tabla de salvación. Y reírse de uno mismo, lo mejor de todo.
      ¿Tú crees que me iría mejor como “cagapenas” que como geóloga? Es cuestión de echarle teatro a la vida.
      Un abrazo Rafa. Qué buenos pasos por el Darro hemos echado hoy.
      FELIZ AÑO!!!!!!

  • Responder HOMO SAPIENS "CANIJUDIENSIS" 29 diciembre, 2017 a las 5:17 pm

    Estimada blogera, siempre se ha comentado que las penas con pan son menos y después de disfrutar de su hilarante entrada habría que añadir que aún lo son menos si pueden ser contadas y compartidas. De ahí a la picaresca de la “hija sin futuro de su escéptica madre” con su empresa del “Siempre hay alguien que está peor” no se necesita mucho trecho que andar, sobre todo si se hace en provechosos velatorios, cementerios y pasillos de hospital. En estos casos no saben las increíbles historias que se pierden los infelices cagapenas que no puedan desengancharse a tiempo de los whatsapps y demás medios de comunicación cibernéticos.
    ¿Per quan un Màster, o millor un Grau, en Ciències del Coaching Cagapenas Researching?

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 30 diciembre, 2017 a las 10:10 am

      Pues sí. Debería ser un título propio de alguna Universidad. Todo se andará. Es una especie de coaching al revés, pero que funciona. Gracias amigo por todo este año de fidelidad y que venga el 2018 con nuevas historias para compartir. Una abraçada.

  • Responder Esther Torralbo 30 diciembre, 2017 a las 8:25 pm

    Muy gracioso Rosa!!! Ya lo dice el refranero

  • Responder Esther Torralbo 30 diciembre, 2017 a las 8:27 pm

    Me ha saltado, Rosa mis mejores deseos para el 2018!’

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 31 diciembre, 2017 a las 11:35 am

      Igualmente Esther para ti. Que no decaiga la imaginación y la ilusión en el 2018. Un gran abrazo. Como propósito de Año Nuevo, ir a visitarte por esas tierras serranas.

  • Responder Don Godo 31 diciembre, 2017 a las 7:10 pm

    Buen relato, me gusta.
    Suerte en el concurso Zenda.
    Saludos.

  • Responder Yiiyo 11 enero, 2018 a las 7:12 pm

    Querida cuñá, me encantó seguirte desde la Argentina con Maruka a mi lado, y ya de vuelta, disfruto de este relato literario tuyo (sé que algún día te pediré que plantes un beso en la primera hoja de una novela escrita por ti). Llevo un mes sin trabajar y lo peor de la vuelta es pensar en los cagapenas del trabajo, que convierten cualquier tarea en los trabajos de Hércules y que sufren por todo lo que no hacen los demás ….. para combatirlo hace tiempo que mi compañera de despacho y yo inauguramos los miércoles “happy hours”, y ese día ,es una isla en la semana en la que todo nos parece bien y no dejamos que nadie nos hable mal de nada, ni de nadie.
    Mucha inspiración y disfrute para este nuevo año.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 11 enero, 2018 a las 9:29 pm

      Estoy deseando que me cuentes ese viaje tuyo por las Américas. Qué buena idea el miércoles “happy hours”, te lo voy a copiar. Mi cagapenas es un profesional, pero luego ya ves que se divierte. Ojalá algún día te plante un beso como Dios manda. Buen año para ti.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 11 enero, 2018 a las 9:30 pm

      ¿Quién es Maruka? Dame una pista……

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