Curiosidades de ciencia

Tres santos y dos pecadores

28 mayo, 2019
Superman al sótano

Su amiga subió la foto a las redes sociales con la ingenuidad de alguien que está disfrutando de un buen momento, sin tener la más mínima sospecha del ciclón que iba a causar. La famosísima youtuber, con más de tres millones de fieles seguidores en todo el mundo, estaba en ese momento dando buena cuenta de un filetón de pescado con huevo duro en un coqueto restaurante de Bali. La escena no tendría nada de particular si la protagonista no se ganara la vida haciendo doctrina de la saludable dieta crudovegana y de los pecados que encierra el consumo de alimentos de origen animal. Sus prosélitos sintieron en el pecho la punzada del engaño, especialmente aquéllos que habían adquirido la retahíla de libros y productos que anunciaba la influencer desde su púlpito virtual. Entonces sus homilías eran tan convincentes como lucrativas. Como respuesta a tal herejía, las empresas le han retirado los estipendios y la pobre lideresa se ha quedado con cara de rape y más hambre que el perro de un afilador. Ahora sí, la reina de la dieta de la alcachofa y los batidos de soja no va a tener más remedio que pasarse a la zanahoria con rabanillos a palo seco.

 

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El doctor tiene en sus manos el diagnóstico de una muerte anunciada. Pero ahora es diferente. El ilustre terapeuta ha dedicado su vida profesional a promulgar la medicina alternativa, otra forma de afrontar la salud basada en la biorregulación y los remedios homeopáticos.  Además de ser guapo y elegante, su discurso es directo y su elocuencia magnífica. No es casual que se haya convertido en un líder indiscutible de los medios de comunicación, con más audiencia que las telenovelas. Desde su tribuna televisiva, el doctor afirma que la medicina convencional está supeditada a enormes intereses económicos que sesgan la investigación científica. Los tratamientos con fármacos, vacunas y medicamentos al uso son tóxicos legales al servicio de las grandes multinacionales farmacéuticas; venenos que acaban por dejar una muesca irreparable en la salud. Miles de pacientes siguen sus terapias alternativas y toman las diluciones milagrosas que les vende a precio de oro en pequeños botes de cristal. Pero ahora es diferente. El cansancio crónico, la pérdida paulatina de peso y los dolores en las articulaciones. El doctor cierra la puerta de su despacho para llamar a la prestigiosa clínica de Houston donde trabajan los mejores especialistas del mundo. Solicita atención urgente para un paciente con leucemia. Esta vez es diferente, porque se trata de él. Por fin se demostrarán los enormes «beneficios» del agua con azúcar.

 

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Los malditos herejes le han calculado la huella ecológica. Entre el jet privado, el yate de lujo y la mansión de los Ángeles dicen que consume más energía que el mecanismo del Coche Fantástico. Pero el actor está convencido de su labor mesiánica por el planeta y no está dispuesto a que nadie le quite el puesto de Sumo Pontífice del Calentamiento Global. Ahora que Al Gore está de retirada, él representa la voz de los bosques, de las especies amenazadas y de los pobres del mundo. Desde el altar mayor de las Naciones Unidas, se mesa la barba de apóstol y se ajusta la pajarita de su traje de Armani para agarrar con fuerza el timón de este Titanic que va directo a la hecatombe. Su magnífico vídeo tiene todos los elementos indispensables de una buena liturgia: datos científicos demoledores, imágenes impactantes y una selección de líderes mundiales de primera fila. Comienza con El Jardín de las Delicias para llevarte de la mano a presenciar el Apocalipsis. El efecto es inmediato: un terrible sentimiento de culpa que ya tiene memoria en nuestros cuerpos. Para este mentor de la ecología, el Mundo no tiene fronteras; recoge premios aquí y allá atravesando continentes en su avión privado a la velocidad de la luz. Dicen que su huella de carbono tiene ya las dimensiones de la zapatilla de Pau Gasol.

 

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El Braulio y el Aurelio son dos amigos de la infancia. Juntos abandonaron el pueblo, allá por los setenta, para buscar trabajo en la capital. Hace poco que se han jubilado de los andamios y ocupan el tiempo libre siguiendo cada mañana un ritual. A las nueve en punto quedan en el bar de la esquina para darse el primer lingotazo de carajillo y poder así comenzar con energía las faenas cotidianas. Han sembrado más de doscientos árboles en el barrio y tienen el jardín público de la plaza hecho un primor. Rosas y peonías se engarzan con alegría para levantar la primavera. Repasan cada día los brotes nuevos, riegan los arbolillos, arrancan las malas hierbas y ponen remedios para proteger los esquejes de los perros y viandantes. Esta mañana se han metido entre pecho y espalda un par de tostadas con manteca colorá, porque los planes del día requieren un plus. El Braulio le aguanta la escalera al Aurelio (más ágil) para llegar a las copas más altas. Han podado casi la mitad de las acacias de la avenida cuando ven llegar a la patrulla de la policía municipal. La jueza les ha impuesto una infracción de 3000 euros a cada uno, por delito medioambiental y atentado contra el patrimonio natural. Cuatro veces la pensión. Se acabó el carajillo, la manteca colorá y las hadas madrinas del barrio.

 

Nota: Estas cuatro historias están basadas en hechos reales referidos por la prensa, pero reescritas libertinamente por la autora. Como no podía ser de otra manera.

Fotografía: @Toby Melville

 

 

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4 Comentarios

  • Responder Pedro Javier Conesa 29 mayo, 2019 a las 8:01 pm

    Ya lo dice el dicho: “No es lo mismo predicar que dar trigo”. Me gusta la vertiente documentalista de este trabajo, y aún me gustan más los enlaces a las fuentes. Lo que no me gusta es el cerrilismo del ayuntamiento en cuestión (y de otros muchos), que solamente ven “atentados medioambientales” en los afanes de ayuda de algunas personas. Cierto que alguno habrá, pero…
    En fin, nunca dejes en evidencia a un empleado público, o a una corporación. Su venganza será tremenda, porque su mano alcanza muy lejos.
    Gracias, Rosa, por instruir deleitando.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 31 mayo, 2019 a las 10:55 am

      La administración siempre es madrastona, jamás madre. Siempre urde el mecanismo necesario para pillarte en un desliz. Pero no se cómo, los de “toda la vida” se suelen librar de esa mano negra. Ahora está de moda hacer la revolución en limusina.

  • Responder Antonio Rafael Parrilla 31 mayo, 2019 a las 6:41 pm

    Será por mi edad, posiblemente por mi situación actual de salud…, no sé porqué pero la realidad que reflejas en tu manifiesto , mi querida Rosa; real reflejo de el rumbo que ha tomado nuestra sociedad o más que rumbo yo diría “rumba” por aquello de viva la pepa, pero no la hermosa constitución gaditana sino el desmadre organizado por unos pocos para promover el desmadre de unos muchos. Como digo ( y perdón por mi desvío), la realidad que reflejas, es para hacernos reflexionar y de una forma seria y en profundidad sobre estas cuestiones y como se hace lo blanco negro y viceversa y encima con el añadido de que se gana el codiciado “parné” . La cuestión es que me encuentro perdido entre mis pensamientos , lo que veo en el mundo real y lo que bajo mi análisis de viejito debería de ser…, en fin llego a la conclusión simple de lo del dicho popular, algo modificado por mi situación.” esta vida es un fandango y a bailar que no somos tontos y son cuatro dias” .

    Un abrazo.

  • Responder Rosa María Mateos Ruiz 1 junio, 2019 a las 10:43 am

    Querido Antonio:
    Los gurús siempre han existido, solo que ahora se les va más el pelo. Hay ya tantas pseudoreligiones que no sabe uno por dónde tirar. El aprovecharse de la desesperación de la gente, de su dolor y de su falta de entendimiento es más viejo que el hilo negro. Ahora este tipo de negocios es más lucrativo porque se puede llegar a mucha más gente. No ha cambiado el fin, sino los medios. Y ¡Viva la Pepa!

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