Literatura

Orgasmo en Mi Bemol

2 noviembre, 2015

Acabo de despachar con el casero de Frédéric, cumpliendo así su encargo de liquidar los meses venideros mientras él peregrina por los nobles salones de Viena. He decidido quedarme un rato sola en la casa, atreviéndome por primera vez en mi vida a violar la intimidad de un hombre. Esta vieja casita de la Rue Cité Bergère guarda muchos recuerdos de nuestra familia;identifico detalles, retratos y objetos que me transportan a nuestra infancia en Varsovia, cuando la tía Justyna nos daba aquellas clases iniciales de piano y aprendíamos a tocar las primeras mazurcas y polonesas. La cocina es pequeña y queda bien patente su escaso uso, pero preserva ese olor a gulash y golonka, con el aroma de aquella salsa de rábano que ponía mi madre en todos los guisos. Me atrevo un poco más y entro al dormitorio. El rubor me invade y tengo miedo. Me cae de golpe todo el peso de una educación basada en mantener intacta mi virtud y defender la honra de mi apellido. Su vieja levita está colgada detrás de la puerta y me dispongo a recoger los botines dispersos por la tarima. Al ordenarle la ropa soy consciente de la delgadez de su porte y de la fragilidad de su alma. De pequeñas, sus hermanas y yo jugábamos al aire libre en el jardín de la vieja casa, mientras Frédéric nos miraba aún en pijama desde la ventana. Siempre tan delicado,…. tan frágil.

Subo despacio la escalera de madera y me sorprende la pequeña amplitud de la sala donde se encuentra el gran piano de concierto. Entra frío por el ventanal y siento en los huesos la humedad del otoño parisino. Decido desprenderme del abrigo y encender el fuego; aceptando así la decisión de mis propios reflejos de quedarme por un largo rato. Anochece, y las tenues luces de gas comienzan a brillar en el vecindario. Enciendo yo también las velas en la penumbra, y la habitación se va llenando de sombras mientras cae la plenitud de la noche. Mi atuendo de joven dama respetable no se ajusta al momento: los finos guantes de encaje se ensucian y enganchan mientras acaricio los lomos de los libros y curioseo los papeles de mi primo. Me desprendo del molesto sombrero, del ajustado corpiño y de los malditos guantes, liberando así mi cuerpo del lastre de la decencia.

Sobre el piano se encuentra el manuscrito. La cubierta es de piel con tapas duras y tiene grabado en oro la palabra Nocturnes, en francés. En su interior hay decenas de partituras llenas de correcciones y tachaduras que, en ocasiones, enmarañan el pentagrama. Ahora entiendo las ojeras de los últimos meses y la palidez de su rostro; componiendo hasta bien entrada la madrugada mientras el silencio le arrulla y la melancolía le atrapa. A pesar de su juventud, vive en un continuo abrazo anticipado con la muerte. Mi formación musical me permite elucidar al momento que estoy frente a algo magistral, y voy de una partitura a otra tarareando las notas en mi mente, a medida que mi cuerpo se va predisponiendo para algo que aún desconozco.

Hay una partitura pasada a limpio, definitiva: Nocturno en Mi Bemol Mayor, Op 9 , nº 2, donde el tempo indicado es un tranquilo andante. Desprendo las horquillas del recogido, y dejo que mi cabello tome el aire de la noche. Libero también la presión de la falda y el corsé y descubro una mujer desconocida cuando lanzo los zapatos al aire. Acerco la banqueta al piano colocando la partitura en el atril. Las notas van apareciendo sin prisa de mis manos, rompiendo el silencio con suavidad. Sin darme cuenta, desaparecen de golpe todas las frivolidades con las que rodeo mi vida, y el compás va liberando los sentimientos más sencillos y puros que poseo, envueltos en una capa de ternura.

La nostalgia se apodera de mi en la primera parte: aparece el esplendor del otoño en las riberas del río Wisla, con el rojo intenso de las hojas de los robles y el olor de la tierra después de la lluvia. A medida que avanza la melodía, los compases me llevan a la ausencia, una especie de dolor físico por todas aquellas palabras que aún nadie me ha dicho y por todas las caricias que aún nadie me ha dado. El Nocturno fluye, embriaga; va tomando fuerza a medida que mis dedos presionan con mayor intensidad las teclas. La tercera parte es el abandono: ahora manda mi cuerpo y percibo como una primicia todos los fluidos que contiene; esa punzada en el interior de mi vientre que asciende contra todas las leyes de la física. La música se acelera, y mi mano izquierda va de una tecla a otra con rapidez. Ha llegado el cénit de la pieza y el apogeo de mi propio arpegio, para dejarnos morir ambos en la suave lentitud del inicio….. senza tempo.

….Cuando cierro la puerta y dejo la llave en el cobertizo, no tengo la menor duda que soy una mujer distinta.

 

***  Nocturno en Mi Bemol Mayor Op.9 nº 2. de Chopin

https://www.youtube.com/watch?v=tgA9OrV2DI4

Nota: Frédéric Chopin tenía 23 años cuando compuso este Nocturno en su pequeña casa de París. Corría el año 1833. Todo lo demás es pura invención de la autora. La prima pudo haber existido, quién sabe…..

 

 

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10 Comentarios

  • Responder David 2 noviembre, 2015 a las 10:53 am

    Precioso relato… lo comparto en mi facebook.

  • Responder La cuña ( con acento en la "a") 2 noviembre, 2015 a las 4:43 pm

    música y plenitud! La música, el arte que se ajusta totalmente a leyes matemáticas y sin embargo tan ligado a los sentimientos. Me ha gustado este cuento. Mujeres, dejémonos llevar por nosotras mismas !!!
    ???

  • Responder Rosa María Mateos Ruiz 3 noviembre, 2015 a las 8:33 am

    Gracias David,
    Estoy deseando ilustrar alguna de mis entradas con alguna de tus magníficas obras de arte.

  • Responder Paisajes del agua 3 noviembre, 2015 a las 8:44 am

    Sabroso relato. Definitivamente te debes dedicar a escribir, quizás una novela (inspirada en hechos reales, por supuesto). Muchos te lo agradeceríamos. ¡Enhorabuena!

    • Responder Rosa Mateos 4 noviembre, 2015 a las 8:38 am

      Mi querido amigo.

      La prosa surge como la música y me dejo llevar por los devaneos del momento. No tengo aún la madurez suficiente como para enfrentarme a una novela, ni me veo aún capacitada para tanta hazaña. Pero como dice la protagonista de este relato……. senza tempo. Gracias por animarme, siempre.

  • Responder HOMO SAPIENS "CANIJUDIENSIS" 3 noviembre, 2015 a las 10:16 am

    Después de amagar un par de veces con vagos deseos e insinuaciones en sus relatos sobre Hipsters y Neandertales, la autora de este blog abandona los arduos caminos de la Epistemología (*) y se nos lanza por el proceloso sendero de los deseos y sentimientos humanos. En este imaginario relato disfrutamos, gracias a la destreza narrativa de la autora, del hecho de que nuestra heroína sea capaz de “desencorsetarse” y gozar… sola y “desinhibida” !!! … de los placeres que la vida le pone a su alcance. Lo relevante no es saber si esta escena o personaje sucedieron o existieron; si no poder afirmar, cual axioma científico, que hechos como este, por fortuna para los afortunados, son más reales y cotidianos de lo que seguramente podamos ni imaginar. Pues he aquí, que gracias a la sugerente descripción y sutil cadencia elaborada por la autora en este erótico relato nuestra imaginación nos transporta vívidamente al momento culmen del relato: el, por así decirlo, “clímax” espiritual de nuestra curiosa protagonista…; siendo ella misma quien así lo manifiesta: no tengo la menor duda que soy una mujer distinta. Y es ahora cuando me atrevería a decir, por qué no hacerlo: Quién hubiera podido, en esos instantes, ser piano en las dulces manos de la prima de Fédéric… Gracias Naturaleza por habernos dotado a los humanos de sentidos y sentimientos.

    Molt bé. Ara més que mai, molt atractiu el seu blog…

    (*) f. Fil. Teoría de los fundamentos y métodos del conocimiento científico

    PD. Puede que ciertos hacedores de instrumentos, los entrañables e incombustibles Les Luthiers, no estén muy de acuerdo con esta apreciación única sobre el concepto de epistemología pues, rizando el rizo, son capaces de asimilar dicho concepto al de eros, según nos cantan con su acostumbrado sarcasmo en uno de sus siempre lúcidos espectáculos: Dilema de amor (Cumbia epistemológica). Lutherapia.

    https://www.youtube.com/watch?v=bR7z69qdeDk

    • Responder Rosa Mateos 4 noviembre, 2015 a las 8:35 am

      Veo que ha captado a la perfección la esencia del relato. ¡Qué fácil es tener un momento de felicidad cuando uno se abandona!
      Gracias por seguirme

  • Responder qr 4 noviembre, 2015 a las 9:14 pm

    I
    Buscas la caja musical,
    Tu cuerpo se estremece,
    Vienes de un arrabal,
    Donde nadie te mece,
    Solo la música y el timbal

    II
    Luz y sombras encuentras,
    Buscas felicidad oculta,
    En los libros te adentras,
    Como una persona culta,
    Y te desnudas mientras

    III
    Lees todas las partituras,
    Algunas con melancolía,
    Te llenas de ternura,
    Como tu juventud olía!
    Ya no hay amargura

    IV
    Miras las notas de tu vida,
    Balanceas tu corazón,
    Lo sujetas con una brida,
    O lo dejas sin razón,
    Y buscas quien lo anida

    V
    El Danubio, rio azul,
    Empalaga cual melodía,
    Estabas vestida con un tul,
    Fuera de noche o de día,
    Con el arpegio de un gandul

    Vi
    Cierra la puerta inerte,
    De una pieza inconcreta,
    Alguien deseará verte,
    Sea en España o Creta,
    Siempre han de quererte

    • Responder Rosa Mateos 6 noviembre, 2015 a las 8:08 am

      Seis versos sobre el texto que van encajando con cada uno de los “tempos”.
      Gracias mil

  • Responder Antonio Rafael Parrilla Muñoz 25 mayo, 2016 a las 9:30 pm

    Aplausos !! y utilizando el simil musical de un concierto, de un buenisimo concierto EN PIE !
    Este escrito me ha gustado mucho más que el priero leido y me explico.- Una presentación preliminar, correcta y un poco buscando la complicidad ” la curiosidad”, seguida de alusiones a la suavidad . delicado, fragil..con un pequeño toque sensual y resumienendo todo encaminado a la preparación de un climax adecuado para entrar de lleno en un arte LA MUSICA. Uno de los más sublimes que conozco, por desgracia no entiendo de pentagramas ni de corciertos, pero si tengo una capacidad y una sensibilidd especial para la musica, en mi cao y con motivo de un concierto en la opera de Pragam asistí a la ejecución de la pieza “Una furtiva lagrima” y ha sido l unica vez que he sollozado y he comprendido la profudidad de los sentimientos que produce. Por eso he entendido perfetamente la ultima parte de tu “sinfonia” pues además de entender un poo de flamenco o cante jondo, soy dado a leer filosofia Zen y esto enlaza con el efeto que produce la musica y que tu nos has trasladao con tan magnifico relato.- Conexion con el arte, “dejarse arrastrar” por sentimientos “sencillos y puros, envueltos en una capa de ternura” y cito tus palabras. En la musica, lo que más emoción me priduce son los silencios, pues tal como tu nos relatas, ellos nos transportan a lugares en donde recordamos emociones y personas queridas. Precioso, amiga ROSA y repito mi aplaiso !!EN PIE !!

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