Curiosidades de ciencia

Mediterráneo

3 junio, 2017

Cuentan los anales de la historia que cuando Hernán Cortés y sus hombres llegaron a la corte del imperio azteca, Moctezuma II les asignó inmediatamente una cohorte de porteadores y quemadores de incienso. Los españoles se pensaron tocados por un halo divino, convencidos de ser tratados como dioses. La realidad era muy diferente: los invasores desprendían un hedor tan nauseabundo que ningún azteca (más limpios que los chorros del oro) podía soportar la cercanía de aquéllos barbudos descoloridos y malolientes. Esta anécdota sobre la consabida falta de higiene de los castellanos en la Edad Moderna, permite abrir un debate sobre el más importante de los sentidos con que nos dota la naturaleza: el buen olfato. Gracias a un conjunto de genes perseverantes, nuestra facultad de olisquear, husmear y olfatear ha permanecido prácticamente invariable desde que nos separamos del linaje de los grandes monos.

Hace algunas semanas, curioseando las novedades de la revista Science, me topé con el artículo de un americano que ha dedicado 14 años de duro trabajo a meter las narices donde no le llaman. El científico ha estudiado con tesón y profundidad el sistema olfativo de los humanos, y nos coloca prácticamente en la cúspide de los mamíferos, junto a perros y roedores. Nuestra especie de cabezones narilargos posee unas dotes increíbles para identificar y discriminar una extraordinaria gama de olores. Desde el tufo que dejan los calcetines reconcentrados de un adolescente, hasta el dulce aroma de la más exquisita de las flores. Aunque parezca increíble, somos capaces de detectar hasta un billón (billón americano: mil millones) de aromas diferentes. Así es, tenemos en nuestras propias narices un sentido que menospreciamos, pero que tiene una importancia vital en nuestras relaciones sociales y en nuestra sexualidad. Los evolucionistas dicen que somos hijos del hambre….. y también del olor.

Cada uno de nosotros tiene un aroma personal, un elixir único que nos identifica. No es en vano que tras millones de años de evolución aún conservemos un pelo rizado en las axilas y genitales. Entre esos bucles se esconden las feromonas, un conjunto de sustancias químicas que estimulan y embriagan el hipotálamo de la posible pareja. Mira que nos preocupamos por la imagen, pero la atracción nace en la nariz; ese apéndice facial que decide finalmente con quién mezclaremos nuestros genes. Los estudios han demostrado también algo tremendamente relevante: preferimos el olor corporal de aquellos genéticamente diferentes. Es decir, la selección natural ha favorecido la exogamia, al contrario que algunas instituciones españolas.

Aún hay más. El olfato no solo es clave en la selección de la pareja sino que desempeña un papel muy importante en cómo percibimos e interactuamos con los demás. Las personas con un sentido del olfato poco desarrollado tienden a presentar graves problemas de socialización; no reciben las señales aromáticas ajenas y andan perdidos en un mundo excesivamente aséptico. La anosmia, más abundante en los hombres que en las mujeres, genera personas muy desconfiadas, frías y poco comunicativas. Se tocan las narices en cuanto a la búsqueda de relaciones personales se refiere. Las investigaciones confirman que la mayoría de los psicópatas tienen un sentido del olfato atrofiado o inexistente. Estos personajes gélidos y sin empatía no son únicamente unos desaboridos, sino también unos “desaloridos“.

En mi caso, emulando los versos de Quevedo, tengo también una nariz de sayón y escriba, de ésas judeo-masónicas que llegan un poco antes que el resto del cuerpo. Bien sabemos las mujeres que el tamaño no es una garantía de nada, pero en este caso tengo un escáner por apéndice nasal. Soy capaz de detectar la hora a la que se ha duchado mi interlocutor y conocer la fecha de caducidad de un yogurt sin necesidad de probarlo. En la familia he adoptado el papel de “sumiller” de productos perecederos. Dicen los biólogos que compartimos un 99% de genes con los chimpancés. En mi caso juro que llego al 100%.

¡Cuánto gana una persona que huele bien! No se trata de aniquilar ese olor personal que nos identifica, sino de darle algo de música al aire que nos envuelve. El mal olor es una de las principales causas de divorcio, y un repelente de amigos y compañeros. Algunos gastan menos en desodorante que un ciego en novelas. A mis lectores, y con un guiño especial a mis lectoras, les diré que profesen los versos de Serrat: “perfumaditas de brea“, para que nos añoren y nos quieran, se nos conozca y se nos tema. Hay que dejar esa impronta afectiva en el hipotálamo del otro para que algún día nos cante: “llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya”.

 

©Fotografía: Nexus

Bibliografía: J.P. McGann (2017). Poor human olfaction is a 19th-century myth. Science 12 May 2017. Vol. 356. DOI: 10.1126/science.aam7263.

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16 Comentarios

  • Responder Andrés Pi 3 junio, 2017 a las 8:39 pm

    ¡Qué bien huele este relato!

  • Responder Esther Torralbo 4 junio, 2017 a las 9:01 am

    Rosa aquí en nuestros pueblos de la Sierra podemos disfrutar de esos olores como los de la tierra mojada, el Rocío de la mañana que mezclaba con la maestría todos olores de la vegetación de las acequias, la flor del castaño y multitud de aromas que en mi caso me transportan a los días infantiles cuando mi abuela ‘cargaba con la niña’ y me llevaba con ella a todas las tareas del campo…
    Como siempre disfruto de leerte, un abrazo

  • Responder Rosa María Mateos Ruiz 4 junio, 2017 a las 12:01 pm

    Mil gracias Esther. Pues planteas un tema muy interesante. Cómo los habitantes de la ciudad vamos mermando esa capacidad olfativa, porque nos llega poca variedad de estímulos. Sin embargo, en el campo todo es olor y la diversidad de aromas es tremenda. Eres una afortunada de vivir allí. ¡ El olor a tierra mojada! No hay nada mejor…. Un abrazo.

  • Responder ANTONIO RAFAEL PARRILLA MUÑOZ 4 junio, 2017 a las 5:14 pm

    Mi querida amiga Rosa
    Aunque mi tiempo es reducido, pues soy una persona muy limitada( tambien te añado que soy mocito) y al contrario que las mocitas, que teneis la capacidad de realizar multiples trabajos simultaneamente y con acierto; mi condición no me permite dedicarme a varios asuntos a la vez . En la actualidad mantengo mi mente ocupada en un vital asunto el cual requiere de toda mi atención. Comento lo anterior, para dejar constancia del placer que siento al leer tus relatos y lo importantes que son para mí, pues aprendo de ellos un monton o comom dirias tú con tu gracia especial.-.”Una Jartá”
    Esta entrega te ha quedado fenomenal y cada vez mezclas mejor el trabajo, la tecnica y el buen humor; materializado en un conjunto poetico, tecnico y muy humano, además de alegre. Una gozada para el lector y del que tomo buena nota.
    Por mi parte puedo afirmar,igualmente, que soy un buen “podenco”, pues en mis tiempos de cazador, el perro me asistia como compañero de fatigas, ya que descubria al mismo tiempo que ellos ( Rique y Lezas-sevillano el primero y mallorquina de Enguera la segúnda) ,con mi agudo olfato los encames de jabalies, liebre o conejos.

    Un abrazo.

  • Responder Rosa María Mateos Ruiz 4 junio, 2017 a las 9:07 pm

    Gracias mocito. Ése es otro tema de interés, la incapacidad masculina de hacer varias cosas a la vez, pero no quiero meterme en camisa de once varas. No tenía la menor duda de tus altas capacidades olfativas (dadas tus dotes sociales), pero lo de detectar los encames de los jabalíes me ha dejado impresionada. Yo también aprendo siempre de vuestros comentarios, una “jartá”. Resuelve ese asunto vital, que te recuperemos pronto.

  • Responder Meaza Tsige 5 junio, 2017 a las 9:51 am

    Hola Rosa, que bueno. Cada día me sorprendes.

  • Responder Melanie 5 junio, 2017 a las 5:36 pm

    Hola Rosita!!! Aquí estoy disfrutando de tu relato, es un placer. Ya estoy deseando verte otra vez y tomar algo contigo. Un beso muy fuerte con olor a mar…

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 6 junio, 2017 a las 7:58 am

      ¡¡¡Hola Melanie!!!! Ummmm el olor a mar, cómo lo echo de menos. Los olores se transforman en recuerdos. Volveremos a esa terracita del Molinar para ver y oler el mar. Un beso enorme.

  • Responder HOMO SAPIENS "CANIJUDIENSIS" 10 junio, 2017 a las 2:22 pm

    Estimada globera, me es grato constatar que en esta ocasión sí que aborda usted un auténtico “asunto de narices”.

    Con sus relatos divulgativos siempre se aprende y la verdad es que “tiene narices” que nuestra especie haya conseguido desarrollarse y llegar a las más altas cotas de la evolución debido al mutuo atractivo sexual de los apéndices nasales de nuestros antepasados. Me imagino a nuestros machotes ancestros compitiendo por los favores de las hembras en edad de procrear haciendo ostentación de, como nos canta el entrañable Joan Manuel, a ver quién es el que la tiene más grande.

    Bien sabemos todos, no solo las mujeres, que el tamaño no es garantía de nada; pero hasta nuestros días ha llegado la sensación que en los juegos de seducción tienen más méritos y posibilidades teóricas de prosperar aquellas o aquellos dotados de unas “peras” o “paquetes”… “de narices”.

    En este aspecto me temo que nada ha cambiado y muchas veces pongo en duda si el homo sapiens es realmente el ser más evolucionado de la naturaleza. Aunque siempre nos quedará aquello de… “Errare humanum est”, que parece ser es lo que nos otorga tan apreciado distintivo.

    Gracias a sus enseñanzas me descarto como psicópata, pues con mis existentes capacidades olfativas me huelo que esta réplica pueda no ser bien interpretada por algunos especímenes que se preguntarán quién se cree que es este humilde servidor para ir a “tocarles las narices”.

    Encara que en aquesta ocasió no sé si resulta la posició més adequada, queda als seus peus el més fervent perceptor de les essències i aromes dels seus… relats i ensenyaments.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 10 junio, 2017 a las 4:49 pm

      Querido Canijudienses,
      Menos mal que se descarta como psicópata, algo de miedo me dan las reacciones a mis entradas. No me cabe la menor duda que es usted un caballero de narices, de los que las huelen venir. Gracias por ese positivismo al aprendizaje y por tocar las narices de vez en cuando; me viene bien. Respecto a los paquetes de narices, le re-remito a la entrada “Las dimensiones del pudor”, no se si habrá cambiado el ránking en el último año. Tengo que ponerme al día.
      Una forta abraçada.

  • Responder Sally Beauty Supply coupons 12 junio, 2017 a las 3:16 pm

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  • Responder Paisajes del Agua 20 julio, 2017 a las 12:48 pm

    El olor….qué importante es y cómo está perdiendo el hombre moderno ese sentido que fue tan fundamental en el hombre prehistórico (para sobrevivir y para aparearse). Algunos apuntes “animales” al hilo de lo que cuenta nuestro común amigo Antonio Parrilla. Has hablado de pasada del celo, de esas feromonas que estimulan a sus contrarios por el olor. “Huele a encendido” se ha dicho siempre en los pueblos de los animales domésticos y salvajes. Y en todos los tiempos (ahora menos, ya digo) ha habido espabilados que han sabido detectar esas feromonas de atracción de hombres y mujeres. Y, para terminar, ¿es que nunca has olido a un jabalí? Vamos, se detecta a distancia y si está encendido a centenares de metros. Por eso se reproducen tan bien….

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 1 septiembre, 2017 a las 4:47 pm

      Jajaja. Ahora entiendo tu comentario del jabalí. Está claro que el apareamiento sale de la nariz. Lo de “huele a encendido”……¡¡¡¡me encanta!!!! Muy sutil. Gracias Antonio por tus conocimientos camperos.

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