Curiosidades de ciencia

Mariquilla Terremoto

24 octubre, 2017

Estas historias personales que voy a relatar pudieran parecer los Cuentos de Calleja en versión Mariquilla Terremoto. Cada una por separado tiene un fondo de credibilidad, pero en conjunto son un despropósito. Sorprendentemente son ciertas y, a raíz de los acontecimientos ocurridos el pasado mes de septiembre con el terremoto de México, han brotado de la pluma como si hubiera saltado por fin el detonador para contarlas. Quizás vean en ellas un exceso de protagonismo, pero no me quedaba más remedio que compartirlas para aligerar el peso de mi desasosiego.

Todo comenzó en el verano de 1995, cuando recibí la invitación de boda de unos amigos malagueños. Medio país vivía entonces una sequía tremenda, arrastrada de años atrás, y en Andalucía el polvo salía por los grifos resecos corroborando así que el Sáhara ya no acaba en el Estrecho. Les confirmé mi asistencia al casamiento con una carta manuscrita, anunciándoles que les llevaría un botijo andalusí como regalo, para que tuvieran asegurada el agua fresquita en ese pequeño oasis de amor recién estrenado. Nada presagiaba un cambio en el ambiente y el otoño se metió con los intensos calores veraniegos, como el de ahora, y más seco que un lagarto de museo. Llegué a la ceremonia a finales de octubre casi remando en una barquichuela, con los tacones en una mano y el moño del peinado más descompuesto que la sandalia de un misionero. Comenzaba así el periodo más lluvioso en la región de la segunda mitad del siglo XX. El precioso botijo iba envuelto en una caja acartonada de lunares que se empapó hasta el pitorrillo, dejando una estela de agua coloreada por las baldosas de la iglesia. Aquello fue una ceremonia por verdiales al ritmo del golpeteo de la lluvia.

En los inicios de 2010, ejerciendo en Mallorca, me apunto a un interesante curso de periodismo científico, y me presto a hacer de conejillo de indias en una entrevista radiofónica simulada. Mis compañeros eligen el tema de la sismicidad en las Baleares y, muy redicha, una servidora les suelta toda una charla sobre la insignificancia de los terremotos en las islas y la baja sismicidad del contexto geológico del Mediterráneo occidental. Pocas horas después, al estrenar la mañana, Palma se levanta atemorizada por un terremoto con epicentro en la Bahía, y el 112 se colapsa de llamadas. No voy a relatar el cachondeo recalcitrante de mis compañeros de curso, solo decir que bailé una soleá con palmas y acompañamiento.

A finales del verano de 2011 me invitan a dar una charlilla sobre los peligros naturales en España, en el marco de un ciclo de conferencias de divulgación científica para todos los públicos. Cuando doy el repaso a las Canarias suelto la gracieta de que ya toca una erupción volcánica. Dicho y hecho: ese mismo verano se inicia un enjambre sísmico en la isla de El Hierro que anuncia un baile magmático por bulerías, para dar paso al nacimiento de un pequeño volcán submarino frente a las costas meridionales de la isla.

Nueva charla en febrero de 2015, esta vez dirigida a los estudiantes de un instituto de secundaria. El profesor es un apasionado de la geología y me propone como tema “la sismicidad de la Península Ibérica”. Levanta un alumno la mano y me pregunta por la región española más tranquila para vivir sin el peligro de los terremotos. Podía haber contestado León, Palencia, Villalar de los Comuneros, Cabezón de la Sal……Pero no, dije literalmente Albacete. Tres días más tarde unos extraños terremotos de magnitud importante (5,2) sacuden Ossa de Montiel, en la mismísima provincia de Albacete. Por culpa de esos malditos terremotos (que nadie esperaba) se ha tenido que modificar el mapa de peligrosidad sísmica de España. El profesor, por compasión, no me ha vuelto a invitar nunca más. La experiencia fue como un cante por peteneras, con ese resquemor de angustia y melancolía.

7 de septiembre de 2017. Primer terremoto en México: magnitud 8,2 y epicentro en la región de Chiapas. Me llama muy asustada una querida amiga que tiene que viajar próximamente a México. Es actriz y periodista, y se marcha a representar una obra de teatro en el mismo corazón de la Ciudad de México. Me pregunta si puede haber réplicas, como si yo fuera Rappel con una bola de cristal. Para ella la geología es una ciencia exacta, y yo una persona de su confianza. Siempre acabo tomándole el pelo por su ingenuidad, así que mi respuesta fue: “tranquila, solo te va a tocar una réplica de magnitud 7″. Me equivoqué en un decimal, por eso de redondear. La Mari y su equipo estaban montando el escenario en un viejo convento del siglo XVI cuando empezó a desmoronarse el mundo a su alrededor. Mientras yo veía las tristes y trágicas imágenes en la televisión, mi amiga me contacta en estado de shock desde un panorama en ruinas. Como la conozco, le aconsejo que regrese en cuanto abran el aeropuerto. Ni puñetero caso. Decide salir de la “zona cero” y se desplaza hacia el sur del país, a una región que no había visto llover desde los tiempos de Hernán Cortés. Allí revive una réplica de 6 y queda asediada por las lluvias torrenciales de los efluvios tropicales que dejaron los últimos coletazos del huracán María. Con el agua al cuello, aún tuvo el ánimo suficiente para enviarme una foto del volcán Popocatépetl en erupción. Su mensaje al poner los pies en Barajas fue: “no me muevo del patio de mi casa nevermore“. Ahora anda la pobre replanteándose su carrera de comediante errante; lo suyo ha sido un periplo melodramático a ritmo de rumba catalana.

No creo que lo mío sea falta de ciencia, sino de tener una bocaza más grande que un buzón de correos. Yo le echo la culpa a esa rígida educación que no me ha permitido plantear serias dudas a los grandes e inamovibles dogmas de la Ciencia. Cualquier geólogo se curte desde el primer curso con el Principio del Actualismo o Uniformismo, que más o menos viene a decir: El presente es la clave del pasado y viceversa. A estas alturas de la profesión me sacudo los principios. La Tierra improvisa como una bailaora y va cambiando el compás a su antojo. Cuando decide entregarse al taconeo, la lía parda.

Como no podía ser menos, hoy nos vamos por alegrías, mi palo favorito.

                                                                                                       

                                                                                                       De qué sirve la experiencia

                                                                                                         de qué nos sirve el saber

                                                                                                            si luego toíto se olvía

                                                                                                           apenas llega el querer

 

                                                                                                          Tiriti tran tran tran

 

© Fotografía: Pastora Galván, al baile

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23 Comentarios

  • Responder Luis González de Vallejo 24 octubre, 2017 a las 6:37 pm

    Gracias Rosa por tu ameno ingenio que corrobora principio científico : ignoramos más de lo que sabemos. Yo también saboreo del mismo bote pero sin cante jondo de fondo. Pero añado : es mejor equivocarse que pasar desapercibido.
    Un fuerte abrazo
    Luis

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 24 octubre, 2017 a las 8:47 pm

      Tienes razón Luis, la ignorancia es muy atrevida. Pero bien es cierto que lo peor en esta vida es ser un pusilánime, a nivel personal y profesional. Hay que meter la pata una y cien veces.
      Un abrazo Profesor.

  • Responder Dora 24 octubre, 2017 a las 6:43 pm

    Ole ahí (pronunciado oleái). Me da ganas pedirte un pronóstico para la República catalana, pero no, no lo pido, pa no liarla más. Me gusta leerte

    • Responder Margarida Valverde 24 octubre, 2017 a las 7:57 pm

      ????

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 24 octubre, 2017 a las 8:48 pm

      Querida Dora. No me atrevo a hacer un pronóstico porque la lío. Pero esto lo arreglábamos con una fiesta por rumbitas de Peret regada con unas cuantas botellas de fino. Entre los ciudadanos.
      Un beso siempre…… y al míster también.

  • Responder Antonio Parrilla Muñoz 24 octubre, 2017 a las 7:59 pm

    Amig Rosa:
    No se si mi comentario anterior, efectuado en la calle y con el movil, te ha llegado, o por mi torpeza tecnologica y dado el terremoto de risa que has producido en mi persona, pues no he acertado con la clavija o tecla correspondiente y claro, se ha producido el apagon ( mis cosas). Pero como su lectura me ha puesto de muy buen humor, intentaré otra vez y ahora en el ordenador, comunicarte mis conclusiones, y de cualquier forma y si por arte de magia se ha quedado oculto en algun rincon de este mundo virtual, pues mejor, ya tendras dos comentarios.
    Como ya me conoces, ni por asomo intentaré repetir lo que te he dicho en el anterior, pues perderia espontaneidsd.

    Acabas de dar con otro filon de tu genio y figura, delicioso filon el de hacer reir de forma natural y espontanea a las personas, a los lectores. Una maravilla el como trasladas a la pluma esa gracia natural que tienes y que con tan buen acierto mezclas con tu buen hacer. El primer golpe de risa ya salio de forma imparable , nada mas ver el titulo .-“mariquilla terremoto” , ja ja jaaaaa! delicioso el titulo y muy grafica esa gitana to colorá de volantes y retrepá hacia atras…, la leche!! y todo el multirelato, empapado de buen humor y alegria sana, y mira que un terremoto deberia de dar pena, pero se entienden el sentido que le p das.
    No sé si pedirte la bolita de cristal y tratar de adivinar en gordo de este año, ja ja ja . Lo dicho eres la alegria personificada. Como disfruto con tus trabajos. Este genial( como tantos otros) .
    PD. No te rias, pero me ha salido espontaneamente un arranque por alegrias y cuando lo prepare te lo mostraré al compartir tu entrada. Un abrazo.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 24 octubre, 2017 a las 8:54 pm

      Ese cante por alegrías que te has marcado en Facebook me ha hecho destornillarme de risa. Eres único. Tienes más arte que el Camarón y el Tomatito juntos. No cambies Parri.
      Un beso

      • Responder Antonio Parrilla Muñoz 24 octubre, 2017 a las 9:21 pm

        Mas dejao to cortao; eres un lujo de escritora, de persona y de amiga.
        Otro para tí!!

  • Responder Esther Torralbo 24 octubre, 2017 a las 8:14 pm

    Terremotos de risa al leerte, querida Rosa, jjjjjjj leyendo que vas por ahí

  • Responder Esther Torralbo 24 octubre, 2017 a las 8:26 pm

    Uh se me escapó la tecla, leyendo que vas por ahí a dar charlas me encantaría que vinieras por estas tierras en alguna ocasión, Rosa en estos tiempos se agradece mucho la gente que sabe buscar el lado cómico de las cosas.
    Un abrazo

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 24 octubre, 2017 a las 8:52 pm

      Pus iré Esther, te lo prometo. Voy a hablar con el Castillo para haceros una visita cuanto antes. El humor que nunca falte. Dispuesta a cualquier charla, incluso os puedo hacer una predicción sísmica en la Comarca, jijiji. Un beso enorme,

  • Responder Antonio Azcón 24 octubre, 2017 a las 11:24 pm

    ¡Ay, Rosa! Mucho temo que mi nivel de acierto en los innumerables Informes Preceptivos que he emitido a lo largo de mi periplo por nuestro Instituto no desmerezca de lo que tú, con tanto sentido del humor, expones. Debe ser verdad eso de que llevamos un millón de años aprendiendo, pero aún nos queda un millón de cosas que aprender.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 24 octubre, 2017 a las 11:52 pm

      Buenooooo. Si yo te contara de los informes preceptivos. Una metedura de pata tras otra. Solo se aprende a base de errores, una y otra vez. A ver si antes de que me llegue la jubilación acierto en algo. Sería divertido y muy sano compartir más a menudo los desaciertos. Es verdad, nos quedan un millón de cosas por aprender, afortunadamente.
      Un fuerte y largo abrazo.

  • Responder La cuñá 25 octubre, 2017 a las 3:36 pm

    Querida Rosita. No sé que tienes pero siempre llamas al peligro y a la aventura y al final todos estamos felices recordando tus ocurrencias.
    No es que considere tu profesion y tus pronosticos de “ocurrentes” sino que a todo le das la vuelta para que resulte divertido y asi….pasar a la inmortalidad. Todos hablan de tí con simpatía y humor aunque te equivoques porque tu naturalidad es pasmosa y asumes con humor tu destino…” no das una” dices pero yo creo que sí porque todos estamos preocupados leyendo noticias de fenómenos geológicos cuando tu te atreves a opninar. Gran tarea divulgativa. ???
    Besos y no cambies

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 25 octubre, 2017 a las 4:41 pm

      Bueno, a veces no queda más remedio que darle la vuelta a la tortilla para no hacer el ridículo, pero sí, hay que atreverse siempre a opinar y decir lo que uno piensa. A mi me hace falta algo más de reflexión, pero para eso están otros miembros de la familia, y no me refiero al Guille precisamente…….. El día que escriba Carmencita sus memorias, nos tronchamos.
      Un besazo.

  • Responder Enrique 25 octubre, 2017 a las 5:32 pm

    Hola Rosa, es un blog genial, me ha sacado una sonrisa mas que evidente y es que a vida es “asin” y es que escribes una de las grandes verdades de la vida, a veces somos unos bocazas aunque no queramos y reconocerlo es como salir a torear un toro bravo. En tu caso vuelta a ruedo por lo menos, me ha gustado muchísimo. Enhorabuena. Un abrazo muy fuerte y recuerdos a todos.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 25 octubre, 2017 a las 7:25 pm

      Muchas gracias por tus palabras. Sí, a veces hay que echarse al ruedo hasta sin capote, a pelo. La verdad es que “asín”, se tienen más experiencias.
      Cabe recordar -hablando de meter la pata- de la diferencia entre el mundo anglosajón y el latino.
      Un americano diría: comete tus propios errores
      Un español: cómete tus propios errores.
      La importancia de la tilde.
      Un abrazo fuerte

      • Responder Enrique 25 octubre, 2017 a las 8:53 pm

        Así es, recuerdo en Diciembre de 2001 hubo un temporal de lluvias como no había habido en os últimos 50 años. Recuerdo eso porque a la semana siguiente hubo otro peor… el de os 100 años. ¡¡ Pues eso la naturaleza manda !!

  • Responder HOMO SAPIENS "CANIJUDIENSIS" 27 octubre, 2017 a las 12:14 pm

    Estimada bloguera, definitivamente le da usted a “to”. Tanto es así que ya no nos deja ni margen a sus lectores para ejercer de críticos replicantes. Se encarga usted misma de repartirse estopa a diestro y siniestro. Le reconozco que he disfrutado con sus anécdotas sobre sus dudosas artes de pitonisa; lo cual no debería hacerle poner en duda, porque me consta, su auténtica valía profesional.

    Si me lo permite voy a reinterpretar el argumento de la obra de teatro de los hermanos Álvarez Quintero, Mariquilla Terremoto, y diremos que La Letra de la Ciencia trata sobe las vicisitudes, penas y alegrías de la geóloga-escritora Rosa María, una joven humilde de Granada, hermosa y monumental ciudad de Andalucía, que al final logra triunfar en todo el mundo con su sapiencia científica y su arte literario.

    Como puede comprobar también soy capaz, si así lo exige la ocasión, de ser un poco “pelotilla” y adularla para que su autoestima no se vea perjudicada por unos “insignificantes errores de cálculo”; quizás debidos a que como todos sabemos la Geología no es una rama “exacta” de las ciencias.

    Només em queda agrair-li que per una vegada, i esperem que no serveixi de precedent, m’hagi permès abandonar el paper de replicant inquisidor; entès en el meu cas com algú que, sempre amb humor i sense pretendre ofendre, busca confrontar i contraposar idees.

    Com sempre tot un plaer llegir-la a vostè.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 29 octubre, 2017 a las 9:43 am

      Hoy me ha desconcertado, ciertamente. No estaba acostumbrada a tanta alabanza por su parte. Veremos cómo enfrento la semana profesional con este subidón de la autoestima que me ha regalado. Pero no deje de practicar los hachazos, que me vienen bien para poner los pies en su sitio.
      Una abraçada

  • Responder Rafa 2 noviembre, 2017 a las 10:07 am

    Gracias por tu sinceridad y sentido del humor. En efecto, el paso del tiempo y un mínimo de reflexión sobre la historia( a todas las escalas desde la ” universal”l a la más “intima y personal”) corroboran que el azar y lo imprevisto tienen a veces más peso que el exceso de confianza analítica que “la ciencia” nos da. Por eso la sana duda, la humildad y la autocrítica resultan absolutamente imprescindibles en todo científico que lo sea realmente. Como tú que, además, eres una artista.

    • Responder Rosa 2 noviembre, 2017 a las 1:50 pm

      Olé, qué alegría. Eso es: dudar, dudar siempre. De lo contrario se encorsetan las neuronas y se oxida el engranaje.
      La poesía sí que es un arte, amigo.
      Un beso

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