Literatura

Los Cánticos de la Sombra

24 septiembre, 2015

Comparto un café con Salamu, a buen refugio de la primera tormenta que parece cerrar el verano. Le digo de broma que parece primo hermano de El Cigala, por su parecido físico y su porte flamenco. Salamu Brahim Salem nació y creció en el campamento de refugiados de Tinduf, un enclave argelino en pleno desierto del Sáhara que lleva casi 40 años operativo bajo el paraguas de la ayuda internacional. El joven Salamu sigue teniendo el culo inquieto de los nómadas, una educación firme y exquisita, y la inteligencia ávida de los hombres del desierto. Y por cierto, es mucho más guapo que El Cigala.

La lluvia nos lleva de la mano a hablar sobre el agua, una palabra con tintes sagrados para él. De hecho, el Hassanía tiene una retahíla de términos para nombrar la lluvia, casi tantos como la arena. Curioso que una lengua sea tan rica en algo de lo que carece. Los chiquillos en el Sáhara van asumiendo responsabilidades de forma natural a medida que crecen, y participan activamente en toda las tareas del hogar. Las madres les envían en tropelía a la Quba comunitaria, grandes depósitos abiertos que se nutren de pozos perforados en el propio campamento. Allí revolotean mariposas reina, livianos retazos de vida salvaje que se permiten aquellas tierras resecas; la chiquillería juega a perseguirlas y cazarlas mientras esperan su turno para llenar las garrafas. El agua de la Quba tiene el sabor de un mar cerrado con esencias de elementos perdidos en la tabla periódica. Los dientes de Salamu guardan el recuerdo de aquellos excesos de flúor, con fuertes tintes amarillentos y vetas de color castaño. Me viene a la memoria esa remanida frase de “uno es lo que come”…. y lo que bebe también, hermano.

Al llegar el agua a la haima, la madre hace dos partes: una para beber, y otra para la higiene y la colada. El barril destinado para la bebida se rodea con un manto de cáñamo que se riega continuamente para mantener el agua fresquita. Los niños colocan entre las fibras de la estopa lentejas y alubias, creciendo con los días una planta frondosa que preside la haima. El aseo es diario, pero el baño excepcional y la sequedad del aire no permite el sudor. Las mujeres huelen a clavo, cúrcuma y henna, y extienden sus coloridas melhfas al sol del patio después de la colada. Ellas preservan aún la tradición oral de antiguas canciones saharauis que se cantaban en los ratos de descanso durante los largos caminos en busca del agua. Con los burros cargados de odres de piel de cabra, a la sombra de las acacias, las mujeres daban rienda suelta a las risas y el despelote. Los cánticos de la sombra tienen letrillas eróticas y picantes donde reina la desinhibición y se llaman a las cosas por su nombre. Quizás de aquí derive el término “desmadre”. La picardía y sensualidad de estas coplillas sonrojan aún a Salamu.

Los mercaderes traen el agua dulce de los oasis; este lujo está destinado exclusivamente a la elaboración del té y a la alimentación de los bebés. Para los saharauis ofrecer té al visitante es su signo de identidad. En ese gesto están todos los ingredientes de una cultura basada en la cordialidad, la hospitalidad y la generosidad. En el desierto no cabe el individualismo, los nómadas saben muy bien que eres hombre muerto si no practicas la solidaridad. Sentados en círculo en el suelo agasajan con lo mejor que tienen, el agua buena, y el té caliente invita a una conversación sosegada donde el tiempo ya no tiene dimensión.

Los saharauis celebran la lluvia como un regalo y cantan la magnificencia de las nubes. También conocen el daño de las aguas descarriladas y preservan el saber de la tradición a la hora de establecer sus asentamientos, lejos de las ramblas y apartados de los cerros. Salamu me recita en hassanía un popular refrán al respecto: “cuando desde la colina llegan los gritos, no preguntes por escapatoria alguna“.

Pasa la tormenta y me acompaña hasta la puerta. Yo debía hacer de madre, pero es él quien hace de buen hijo. Se aleja buscando los charcos para pisarlos, como un chiquillo, y por un momento creo ver mariposas reina aleteando por su cabeza.

…….Me muero por saber las letras de los cánticos de la sombra.

 

Pd. No puedo dejar de recomendar un maravilloso blog sobre el agua y sus paisajes. El autor es Antonio Castillo, un apasionado de la Naturaleza   www.paisajesdelagua.es

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13 Comentarios

  • Responder qr 24 septiembre, 2015 a las 6:21 pm

    Rosa, quizá sea de los mejores relatos que has compuesto. La mezcla de dulzura y melancolía, se entretejen con alegría profunda de una amistad oculta por la distancia y el tiempo. La familia tu ilusión, la arena tu distancia, el agua es tu pasión y a las tribus tu las unes. Escribes con una precisión como están anclados los eslabones de una cadena. Sencillamente genial. Otro grito de Edvard Munch, en este caso de Rosa Mateos al Sahara. Felicidades

  • Responder qr 24 septiembre, 2015 a las 6:28 pm

    Odisea en el desierto,
    Abres el agua al cielo,
    Tu corazón está abierto,
    Y nunca estará cubierto,
    Ni por un tupido velo

  • Responder David 25 septiembre, 2015 a las 7:30 am

    ¡Precioso relato! … sin palabras…

  • Responder David 25 septiembre, 2015 a las 7:31 am

    Comparto en mi facebook.

    • Responder Rosa Mateos 25 septiembre, 2015 a las 7:43 am

      Gracias David.
      Es siempre una garantía tenerte ahí. Ánimo con tu libro

  • Responder Alejandro 25 septiembre, 2015 a las 8:43 am

    Muy bonito Rosa. Prosa poética de alto nivel. Tienes el arte andalusí de dominar las palabras. Las tienes medio domesticadas. El Sahara también es para mi fuente de inspiración.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 25 septiembre, 2015 a las 9:09 am

      Esas palabras viniendo de ti tienen mucho valor. Algo tiene el desierto …. Gracias Alejandro

  • Responder Teresa 25 septiembre, 2015 a las 9:54 pm

    Genial. Siempre me sorprendes. No dejes de hacerlo

  • Responder David 26 septiembre, 2015 a las 7:05 am

    Buenos dias Rosa, me piden en mi Fb que lo traduzcas al ingles tambien…
    Felicitaciones por el relato.

  • Responder David 26 septiembre, 2015 a las 7:08 am

    Disculpa la mala traducción:
    I share a coffee with Salamu, a good shelter from the first storm that seems to close the summer. I tell a joke that seems cousin of El Cigala for his physical resemblance and flamenco note. Salamu Brahim Salem he born and raised in the refugee camp in Tindouf, an Algerian enclave in the Sahara desert that has spent nearly 40 years operating under the umbrella of international aid. Young Salamu still restless nomadic ass, firm and fine education, intelligence and eager men of the desert. And by the way, it is much more handsome than El Cigala.

    The rain takes us by the hand to talk about the water, a sacred word to him dyes. In fact, the Hassania has a string of terms to name the rain, almost as many as the sand. Curious that a language is so rich in something lacking. The children in the Sahara are assuming responsibilities naturally as they grow, and actively participate in all household chores. Mothers are sent to community outrage in Quba, large open vessels that feed wells drilled at the camp. There queen butterflies flutter, light patches of wildlife that those parched lands are permitted; chiquillería playing chase and catch them while they wait to fill the bottles. The water in the Quba has the flavor of a closed with essences of missing elements in the periodic table sea. Salamu teeth keep the memory of those excess fluorine, with strong yellow stains and streaks of brown. I am reminded of the oft phrase “you are what you eat” …. and drinking too, brother.

    By the water Haima, the mother has two parts: one for drinking and one for hygiene and laundry. The barrel intended for drinking is surrounded by a blanket of hemp watered continuously to keep the chilly water. Children placed between the fibers of the tow lentils and beans, the days grow a leafy plant that dominates the tent. The toilet is daily, but the exceptional bathroom and air drying does not allow sweat. Women smell of cloves, turmeric and henna, and extend their melhfas colorful sun patio after casting. They still preserve the ancient oral tradition of Saharawi songs that were sung in the moments of rest during long journeys in search of water. Donkeys laden with bottles of goatskin, in the shade of acacia trees, women gave free rein to the laughter and mess. The songs are erotic shadow and spicy letrillas reigns disinhibition and call things by their name. Maybe from here derives the term “chaos”. Playfulness and sensuality of these coplillas still blush to Salamu.

    The merchants bring fresh water from the oasis; this luxury is exclusively for the preparation of tea and food for babies. For the Saharawi offer tea to visitors is its sign of identity. In this gesture are all ingredients of a culture based on friendliness, hospitality and generosity. In the desert not fit individualism, the nomads know very well that you’re dead if you do not practice solidarity. Sitting in a circle on the floor regales with the best they have, good water and hot tea invites a quiet conversation where time no longer has dimension.

    The Sahrawis celebrate the rain as a gift and sing the magnificence of the clouds. Also known damage to the derailed waters and preserve the knowledge of tradition in establishing settlements, far from Las Ramblas and paragraphs of the hills. Salamu Hassaniya me recite a popular saying about “when coming from the hill shouting, do not ask for any loophole”.

    When the storm has accompanied me to the door. I had to do as a mother, but it is he who makes good son. Looking away puddles to step on, like a child, and for a moment I think I see Queen butterflies fluttering over his head.

    …… .I I am dying to know the lyrics of the songs of the shadow.

  • Responder HOMO SAPIENS "CANIJUDIENSIS" 28 septiembre, 2015 a las 9:26 am

    Hermoso relato. Es gratificante comprobar, no sin un alto componente de sana envidia, como gracias al dominio que ya demuestra en el arte de la escritura ha sabido transformar una amistosa charla de café en este lírico relato lleno de poéticas referencias a temas, no por cotidianos menos apasionantes, como: la amistad, la familia, la hospitalidad, el agua, las mujeres…
    Muy sabrosa la referencia de los “cánticos a la sombra”. Qué no daría por ser privilegiado testigo y confidente!!
    No sé expresarme tan bien como usted, quizás no he sabido o no lo he intentado lo suficiente, pero al observar su devenir personal, presumo que más presente en sus relatos de lo que quizás usted misma sospeche, diría con el temor y la melancolía que ya expresaron esos dos grandes poetas de la canción: de alguna manera, siento que te (algo de usted me) estoy perdiendo…
    Molt bé, ja no poc a poc, vostè progressa més que molt adequadament…

  • Responder Carme 30 septiembre, 2015 a las 3:07 pm

    En ese momento adormecido de la madrugada que es cuando pienso con más serenidad se me ha ocurrido que tu prosa fluye a su vez con elegancia, dándole un pellizco al alma de vez en cuando

  • Responder PAISAJES DEL AGUA 16 octubre, 2015 a las 10:02 am

    Rosa, gracias por deleitarnos con tan sabroso relato, de aguas, arenas y hospitalidad, y gracias también por ese Pd., exagerado en lo de “maravilloso” blog, con el que regalas mis oídos. Gracias de nuevo. En cualquier caso, lo que sí te acepto es lo de mi pasión por la naturaleza y el agua. Espero que esa pasión si haya sabido trasladarla a lo que cuento

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