Mini relato de la semana

El cuadernillo rojo

27 febrero, 2018

Fermín Soplillos nació ciego, y con unas protuberancias a ambos lados de la cabeza que reafirmaron el origen de su apellido. En el niño se cumplió a rajatabla unos de los principios fundamentales de la biología: siempre hay una reacción en el organismo para compensar lo dañado. Desde bien pequeño desarrolló unas dotes sobrehumanas en el arte de oír, y era capaz de predecir una tormenta -con horas de antelación- tras escuchar el movimiento de las nubes. Disfrutó de mucha libertad y poca disciplina en un pueblo de olivares, donde los cerros de arcilla blanca se cubrieron poco a poco de casas nuevas con la llegada del progreso. Pisó poco la escuela, pero aprendió a escribir, con un lenguaje propio, sonidos y palabras que marcaba con resaltes de lápiz grueso en los cuadernos usados que le guardaba la boticaria. Su benefactora era la beata del pueblo y prima hermana de su madre.

De sus andanzas por el monte había aprendido a diferenciar el ruido de cada animal y sabía reproducir a la perfección el canto de todos los pájaros. Cuando ya tuvo dominados todos los sonidos de la Naturaleza cometió el error de analizar el de los hombres. Aprendió a reconocer a cada habitante del pueblo por la voz de sus pasos y a rastrear en el silencio de la noche los sonidos de la intimidad. Descubrió así que uno no es como suena.

Acechó primero al cura, revelando que no dormía solo. Después de la catequesis se llevaba a la boticaria a la sacristía para recitarle el Cantar de los Cantares y retozar con ella entre las santas imágenes de los patronos. Escuchó también las conversaciones privadas de la ricachona del pueblo, que presumía de tener un hijo estudiando en Bruselas cuando la realidad era que el muchacho guardaba condena en Alcalá Meco por tráfico de estupefacientes. Oyó cómo el director de la cooperativa, el mismo que les debía tres meses de paga a los trabajadores, contaba una y otra vez el hatillo de billetes que guardaba en el bolsillo de la chaqueta. Y así fue como noche tras noche, Fermín Soplillos se fue haciendo dueño de los secretos de los demás y apuntando en un cuaderno de tapas rojas los detalles de las conversaciones ajenas.

Harto de tanta hipocresía, decidió hacer una visita a cada personaje de su cuaderno. Encontró al cura junto al altar, dando buena cuenta del vino de la consagración. Don Manuel escuchó las acusaciones y las resolvió con cuatro collejas bien dadas que resonaron en el eco de la iglesia. El Soplillos se fue caliente y con más pecados de los que había traído; el cura le amenazó con el infierno si seguía dando rienda suelta a una imaginación tan calenturienta. Al salir, vio a la prima de su madre medio escondida bordando con hilo de oro el manto de la Virgen. La ricachona le recibió en la salita de invitados, con un chocolate caliente y bizcochos de soletilla. Después de alabar sus facultades, compró el silencio del muchacho con un billete de mil pesetas y la promesa de más regalos. El usurero de la cooperativa no fue tan condescendiente. Le echó a patadas de la oficina con la amenaza de partirle esa “maldita cara de avioneta” si le volvía a ver merodeando por los alrededores de su casa.

Su cuerpo fue encontrado por un cazador entre la maleza del río, arrullado por el canturreo de las ranas y el borboteo del agua. La policía dictaminó muerte natural por envenenamiento. A saber los frutos silvestres que habría comido el chiquillo en sus andanzas por el monte. Nadie pudo dormir en los días venideros; la furia de todos los ruidos del Cielo y de la Tierra se ensañaron sobre el pueblo como una algarabía de locos.

Años después, mientras amortajaban al cura, descubrieron un cuadernillo rojo primorosamente cosido en el forro interior de la sotana. Estaba escrito en relieve, con un lenguaje ilegible de puntos y rayas que nadie, jamás, pudo descifrar.

…….. Salvo la boticaria.

 

© Imagen: Birds on a Wire by Let it Be

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20 Comentarios

  • Responder Antonio Parrilla Muñoz 27 febrero, 2018 a las 7:00 pm

    Querida Rosa:
    Lo tengo que repetir una vez más; eres genial y tienes más gracia (una gracia especial).-” Fermín Soplillos”-; lo que no se te ocurra…. Precioso , cortito pero cargado de contenido como para escribir un libro. Magnifico, amiga. Me ha encantado.
    No dejes de alegrarnos los dias , de cuando en cuando, con tus hermosos y frescos escritos. Un abrazo.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 28 febrero, 2018 a las 11:12 am

      Qué buen apoyo eres Antonio. Con las dudas que una tiene antes de darle al “enter” para compartir. Recibir tus mensajes de aliento le quita a una las inseguridades. Gracias Parri.

  • Responder Antonio Azcón 27 febrero, 2018 a las 8:43 pm

    Querida Rosa:
    Me ha encantado tu relato: precioso y preciso. De mayor me gustaría escribir como tu.
    Eso sí, a través de tus relatos estoy descubriendo a una Rosa, mucho mas “impía” de lo que me imaginaba. ¡Ni te imaginas cuanto me alegro!
    Un abrazo

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 28 febrero, 2018 a las 11:07 am

      Republicana, impía………. Hay que ir desnudándose poco a poco. Tenía que escribir sobre el oído y me ha salido este cuento, que más bien habla sobre la mentira y la hipocresía. Pobre Fermín Soplillos, a quién se le ocurre. Con la Iglesia hemos topado. Gracias Antonio. No nos olvidemos de nuestro café navideño.

  • Responder Pedro Conesa 27 febrero, 2018 a las 9:09 pm

    Sólo puedo decir una cosa: me ha encantado. De principio a fin. Espero ansioso el siguiente.

  • Responder La cuñá 27 febrero, 2018 a las 10:21 pm

    La Monarquía, el clero….querida Rosita te has afeitado los pelillos de la lengua y te veo muy deslenguada. Me ha dado penita, me caía bien Soplillos.. Jeje.,gracioso el nombre y el personaje. Ay! Pobre del sincero, que peligros corre.
    Sigue y a ver si se te ocurre un chascarrillo de los Martín, que ellos bien que le sacan punta a todo.
    Besos

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 28 febrero, 2018 a las 11:02 am

      Ji, ji, Ji. Con la edad se vuelve uno cada vez más irreverente. Que no quede títere sin cabeza. Esta vez le tocaba a la Iglesia. Hay una frase que me gusta mucho de Úrsula Le Guin que dice “un adulto creativo es un niño que ha sobrevivido”. Fermín Soplillos, a pesar de su creatividad, no sobrevivió. Porque se metió donde no debía.

      Ese chascarrillo hay que prepararlo ¡ya!

  • Responder SERGIO MARTOS ROSILLO 28 febrero, 2018 a las 12:17 am

    Ahora entiendo porque venías tan sonriente esta mañana al trabajo. Ya habías perpetrado el mini-relato.
    Enhorabuena, cada vez pones el listón más alto. Pero no todo van a ser alabanzas. Tengo que decirte que ese tipo de cosas no pasan en los pueblos. Los de pueblo somos gente seria y formal.

    Un abrazo Rosa

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 28 febrero, 2018 a las 11:19 am

      Ja,ja,ja. Qué arte tienes Sergio. He vivido muuuuuuchos años en un pueblo y se pueden sacar de allí Las Novelas Ejemplares. Las miserias humanas no entienden de geografías.
      Qué bonito lo de la sonrisa. Gracias compañero.

  • Responder HOMO SAPIENS "CANIJUDIENSIS" 28 febrero, 2018 a las 10:15 am

    Estimada bloguera; una vez más, gracias a su poderosa y poética prosa, se supera usted en un relato corto que contiene todos los ingredientes para calificarlo de joyita literaria de altos vuelos. No se puede contar o, permítaseme el palabro en homenaje a nuestro querido Forges, “cuentar” tanto y tan bien en tan pocos párrafos: ritmo, poesía, ironía, miserias, misterio, horror… retazos de pura vida.

    So pena de vernos privados del deleite que supone leer las variopintas y en ocasiones polémicas entradas de este su blog, vuelvo a reiterarle que no descuide esta meritoria faceta narrativa y nos regale más cuentos o, por qué no y como le insisten varios de sus lectores, la tan esperada novela.

    Por no defraudar las expectativas de los detractores de mis continuos comentarios críticos, o no, a los contenidos de su blog, tan solo poner un par de peros…

    – Se echa en falta, en su representativo elenco de personajes de las miserias humanas, a algún miembro de la realeza.
    – Me da a mi que la boticaria no es la única implicada en el asunto del trágico final del ingenuo Fermín Soplillos.

    Com ja he comentat un es deu al seu rol i, lamentablement, no puc seguir alimentant els seus egos. Em limitaré doncs, però sincerament, a felicitar-li pel seu aconseguit relat.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 28 febrero, 2018 a las 11:22 am

      Sí, faltaba la realeza. Pero ya les dí en otra entrada y me era difícil meterles en la vida de un modesto pueblo. Pero ya caerá la ocasión. Por ahora me gusta el formato del relato corto. Para una novela hay que alimentarse mucho más y tener más disciplina. Aprendiendo. Gracias “Cani”. Siempre dando en la clave.

  • Responder Luis González de Vallejo 2 marzo, 2018 a las 2:39 pm

    Hola Rosa , de verdad te animo a presentarte al Premio de cuentos / relatos cortos . Hay mucha madera.
    Un abrazo
    Luis

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 2 marzo, 2018 a las 9:32 pm

      Fíjate Luis. Después de la experiencia del máster en Ingeniería geológica ahora he vuelto a las aulas con un curso en la Universidad sobre escritura creativa. Aunque haya madera, hay que dominar la técnica también. Como en todo lo que uno quiera medio dominar, hay que trabajar, insistir y trabajar. Gracias por tus ánimos.

  • Responder Enric C. Pedrón 2 marzo, 2018 a las 7:37 pm

    Rosa in crescendo…
    Un beso y a continuar así de bien

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 2 marzo, 2018 a las 9:35 pm

      Viniendo de un profesional de la escritura, acojo tus piropos con alegría e ilusión. ¿Para cuándo tu próximo libro?
      Gracias Enric.

  • Responder Rafa 6 marzo, 2018 a las 12:11 pm

    Muy simpático y bien escrito. Espero que el próximo “nos pille a todos confesados”. Un abrazo.

  • Responder Esther 10 marzo, 2018 a las 7:47 am

    Muy ingenioso… echo en falta al guardia civil, al maestro y alcalde jjjjjjj muy bien escrito Rosa.

  • Responder Rosa María Mateos Ruiz 11 marzo, 2018 a las 10:58 am

    Ji,ji,ji. Sí, el relato carece de esos otros personajes que indicas; pero todo se andará…..

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