Literatura

Doña Lola

7 noviembre, 2017

Doña Lola es una mujer alta, lozana y guapetona de nacimiento. Tiene planta de actriz de los años cuarenta, y los hombres le silban a su paso por ese caminar ceremonioso que lleva a ritmo de sandunga. Peca la señora de mucho carácter y dice las cosas como le vienen, sin un ápice de diplomacia. Fuma cigarrillos de tabaco negro sin filtro, y se queja de un dolor punzante en el pecho que atribuye al libertinaje de los nervios. Va siempre bien peripuesta, con ropa de moda ajustada y zapatos de medio tacón. En los aderezos abusa de los dorados y las lentejuelas, y lleva el pelo recogido en un moño bajo adornado con flores de tamarindo, dejando a su paso una estela dulzona de vainilla. Desde bien tempranito anda ya con el collar de perlas y los pendientes de brillantes que heredó de una abuela española.

Cuando era muy jovencita, doña Lola se enamoró de un vendedor de caballos que se la llevó al galope en una tarde de fiesta. Volvió al poco la chiquilla con el vientre abultado y el rabo entre las piernas. El jinete era hombre casado y padre de cinco muchachos. Lolita perdió la niña en el sexto mes de embarazo porque sus caderas no tenían aún la curvatura suficiente para albergar una criatura. Nunca más podría tener hijos, le dijo el doctor a su madre en voz alta, y ella decidió allí mismo que se acabaron para siempre las aventuras con el otro género.

Novios y enamorados no le faltaron, porque es una hembra de armas tomar. El pobre Don Agustín la estuvo cortejando durante casi una década sin resultado alguno. Día tras día se pasaba a rondarla con un ramillete de jazmines, y tallaba para ella cajitas de madera donde le decía, guardaba su corazón. Doña Lola no sucumbió a las atenciones de su pretendiente, que fueron muchas, y el pobre enamorado fue apagando día a día su fuego de galán hasta que se marchó de la ciudad. Cuentan que vaga como un espíritu triste por Aguascalientes, vendiendo pequeñas cajas de madera a los reumáticos turistas que van a tomar las aguas.

Doña Lola vive en la casita de los aguacates, en uno de los barrios más bajos de la Ciudad de México. Fue la única casa del vecindario que no sufrió un solo desperfecto durante el terremoto de 1985. Los cimientos están construidos con los mástiles de una goleta inglesa, hundida frente a las costas de Veracruz, y las ondas sísmicas movieron la vivienda de la misma manera que un barco navega sobre las olas. El pasado 19 de septiembre, doña Lola salió a fisgonear un casamiento en el Santuario de la Virgen de los Remedios; le gustaba arreglarse para ceremonias a las que no había sido invitada. Las cúpulas se desplomaron con la nueva sacudida sísmica, en el momento justo que la cotilla se ajustaba las medias en la puerta de la iglesia.

La sobrinada le ha levantado un altarcito en el Día de los Muertos, con platos de frijoles de olla, tamales de cordero y el tradicional pan dulce de anís con canela. Don Agustín llegó del norte en un autobús cargado de mujeres de vida galante, con una botella de tequila añejo y el repertorio completo de Juan Gabriel, para bailar soñando un agarradito con la muerta. El viejo había labrado para su amada todas las flores del trópico en un pequeño baúl de madera de sándalo, para que pueda guardar desde el otro mundo el tabaco de liar y las numerosas cartas que tiene pensado escribirle.

Al desaparecer los riesgos, doña Lola decide que ha llegado el momento de  corresponder a su amartelado artesano. Ahora será ella quien irá a rondarle durante la noche.

© Fotografía: National Geographic

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14 Comentarios

  • Responder Antonio Parrilla Muñoz 7 noviembre, 2017 a las 9:46 pm

    Un trocito de vida, nos muestras amiga Rosa. Nos permites ver y sentir los pasos y figura ( aromas incluidos) de esta carismática doña Lola, terremoto de mujer que unió su destino a otro terremoto, ya que decidió en vida no tener mas sacudidas con el sexo opuesto.
    No te cuento mas, pues tendré que adaptar mi mente y mi lectura a estos episodios cortos y novedosos que nos presentas.
    Me gusta tu nuevo movimiento sísmico.
    Un abrazo.

  • Responder Rosa 9 noviembre, 2017 a las 1:27 pm

    Es un relato tras una propuesta de Zendalibros de escribir sobre El Día de los Muertos de México. Me ha salido esta señora y su delirante personalidad. Uno puede dar más guerra muerto que vivo.

  • Responder Margarida Valverde 9 noviembre, 2017 a las 5:34 pm

    Precioso !!!!

  • Responder HOMO SAPIENS "CANIJUDIENSIS" 9 noviembre, 2017 a las 7:48 pm

    Estimada globera, o debería decir “cuentista”. Estoy realmente impresionado, no solamente de su redondo relato corto, sino del hecho de tener que alabarle la faena literaria una vez más sin tener el valor de ponerle más peros que el de suspirar porque pronto nos sorprenda con otro nuevo relato tan lleno de belleza y “su” realismo mágico como el que nos acaba de obsequiar. Da para pensar aquello de que uno no se anime a vivir la vida hasta después de muerto, no le parece?

    Us animo sincerament a continuar amb aquesta faceta i ens delit amb nous personatges amb tanta força poètica com la difunta Donya Lola, que ens promet ja morta les coquetes rondes nocturnes que no es va permetre en vida.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 9 noviembre, 2017 a las 10:14 pm

      Un poco de cuento sí que le he echado, pero las reflexiones tradicionales de “laletradelaciencia” no encajan en ningún concurso. De vez en cuando hay que dejar la pluma libre y dejar que te lleve. Debo decir que acababa de releerme “El Amor en los Tiempos del Cólera” de García Márquez, e indudablemente hay influencias tropicales. Doña Lola se va a comer ahora al pobre D. Agustín.
      Una abraçada.

  • Responder Don Kendall 10 noviembre, 2017 a las 12:30 am

    ¡Magnífico relato! Enhorabuena.

  • Responder Antonio Azcón 10 noviembre, 2017 a las 11:21 am

    iPero que requetebién que escribes, Rosa! Este relato me parece una joyita literaria. Mi enhorabuena.
    Mientras te leía me venía a la mente Florentino Ariza y Fermina Daza, los protagonistas de El Amor en los Tiempos del Cólera, del genial Gabo, aquí representados por Don Agustín y Doña Lola.
    Espero que Don Agustín, ya que no pudo conseguir los favores de Doña Lola, al menos tuviera en su espera similar consuelo que Florentino en su largo y, en su caso, fructífero asedio…

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 10 noviembre, 2017 a las 4:34 pm

      Exactamente ese libro fue la inspiración. Verás arriba una contestación anterior donde afirmo que El Amor en los Tiempos del Cólera me inspiró; lo acababa de leer. ¡¡¡Qué casualidad!!!! La verdad es que Doña Lola es un personaje muy literario, que daría mucho juego para una historia más larga. Un abrazo, y gracias por tan bonitas palabras.
      Rosa

  • Responder victor 11 noviembre, 2017 a las 2:05 pm

    Gracias cuñada, delicioso relato. Invita a dejar volar la imaginación a la vez que te agarra a la tierra. Vidas tan distintas, realidades mágicas y todo desde la inquieta y eterna búsqueda del ser humano hacia ninguna parte. Me ha encantado el párrafo en el que describes su vivienda y acaba sucumbiendo bajo la sacudida de la incontrolable madre tierra. El alma de geóloga tenía que salir por algún lado, es como la tierra, incontrolable. Tu pasión se convierte en coprotagonista del relato. Un beso.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 11 noviembre, 2017 a las 2:10 pm

      La geóloga siempre acaba por salir, es inevitable. Solo yo podía matarla con un terremoto. México, el Día de los Muertos…..no me quedaba otra. Gracias por tus deliciosas palabras y un gran beso.

  • Responder Rafa 13 noviembre, 2017 a las 9:08 am

    Precioso y mágico relato que haría las delicias de D. Gabriel “el de Macondo”. Sugerente y equilibrado. Una nueva veta de tu mina literaria. Sigue sacando gemas. Enhorabuena.

  • Responder Yiyo 13 noviembre, 2017 a las 11:07 pm

    Desde siempre te he dicho que tu parte literaria tiene mucho fondo de armario, tus personajes habitan entre nosotros, viven tal y como nos lo cuentas, y sus vidas merece la pena ser leídas cuando se escriben a través de ti.
    Y de Lola ……Para mi una historia agridulce, de libertad y de su precio, de lo que pudo ser y de lo que nunca sabremos.
    Un beso y a la espera de las nuevas vidas

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