Cajón "desastre" Literatura

Diario de un confinado

26 diciembre, 2020
Diario de un confinado

No hay en la ciudad una persona más sociable que Federico Zacatín. Es poner un pie en la calle, y no da el hombre abasto con tanto saludo y conversación. Don Federico regenta con su mujer, la Puri, un puesto de pescado en el mercado de San Agustín, que tiene como reclamo el siguiente slogan:

Aquí compran las mujeres

    que cortan el bacalao

Mientras la Puri lleva las riendas del negocio, y te deja los boquerones sin raspa ni tripas, don Federico pulula por el mercado enterándose de la vida de los demás e invitando a café a unos y a otros. Los domingos, el pescadero prepara una paella de marisco que congrega a más de cincuenta personas, entre nietos, hijos, amigos y allegados.

Pero no todo son verbenas en la vida de don Federico, porque el pobre hombre arrastra una mala salud coronaria que le mantiene unido a un marcapasos de litio de la marca Trotón. Su médico de cabecera, y amigo de la infancia, le pone entre las cuerdas ante la llegada de la ola invernal de la pandemia:

—Te vamos a confinar en mi cabaña de la Sierra, a ver si pasa lo peor y llega la vacuna.

El picadero del médico es una barraca de madera bien acondicionada, pero perdida en un pedregal inhóspito donde merodean manadas de zorros y nidos de víboras. Para pillar cobertura hay que subir al cerro más alto y extender el brazo en forma de parabólica. Don Federico está muy ilusionado con la aventura. Por fin tendrá tiempo para leer, retomar la pintura y llevar una vida saludable en plena naturaleza.

La primera semana rebosa de felicidad. Desde bien temprano, sale a caminar para llenar sus pulmones con el aire puro de los tomillares. Después pinta un rato a la acuarela, inspirándose en los solitarios y agrestes paisajes de roca. Prepara la comida con parsimonia, y aborda la tarde con interesantes lecturas al calor de la estufa de leña. Sus mensajes son continuos y alentadores:

—Puri, me estoy reencontrando conmigo mismo.

Durante la segunda semana, tiene los libros subrayados de arriba abajo y se inventa múltiples excusas para no salir de la cabaña. Comienza a pintar bodegones y cuadritos de flores secas. Para el almuerzo, rastrea por la despensa alguna lata de fabada que calentar. En las frías noches, añora el generoso cuerpo de la Puri; husmea por la almohada para encontrar el olor a gambas de sus manos y reclama esos ojos acuosos suyos, tan saltones como los de las brótolas. Cada tres días, sube a trompicones el cerro para dar señales de vida:

—Puri, ¿cuántos días me quedan?

En la tercera semana, Federico Zacatín es un alma en pena. Cubre las paredes de la cabaña con insultos y grafitis obscenos. Dormita en el camastro durante todo el día y se alimenta exclusivamente de bocatas de fuagrás. No solo se bebe el surtido de licores que esconde el médico en la alacena, sino que aprende a liar cigarrillos con el tomillo y el orégano silvestre. A la pescadera le llega un mensaje incomprensible.

—Puri, me cagoenrTagsfdahb y los cojOgatraxbkjAS.

El último día de la cuarentena, la Puri y el doctor abren la puerta de la cabaña. El hedor es insoportable. Atisban en la oscuridad el camastro rodeado de basura: latas a medio comer, platos sucios, colillas, botellas, pinceles y libros rotos.  Acostado, se encuentra un hombrecillo con los ojos hundidos y la mirada perdida. Don Federico Zacatín levanta la cabeza y pregunta con un hilillo de voz:

—Puri, ¿me he salvado ya?

Fotografía ©Desierto de Mojave. NG

You Might Also Like

8 Comments

  • Reply Pedro Javier Conesa Dávila. 28 diciembre, 2020 at 10:51 am

    ¡Pobre Don Federico! Tanto empeño por salvarlo y casi se lo ponen en bandeja a la Innombrable…
    Es lo que puede pasar cuando el celo se impone a la razón. Esperemos que al resto de los mortales no nos pase algo parecido, por exceso o por defecto.
    Buen relato, que esta vez me ha dado más que pensar que reír, lo que se agradece. Feliz año nuevo, a pesar de todos (son legión, por desgracia) los que siguen empeñados en que sea un 20 bis. 😘😘😘
    🤗🤗🤗🤗🤗

    • Reply Rosa 28 diciembre, 2020 at 5:55 pm

      Feliz año, Pedro. Sí, es un relato agridulce. ¿A quién se le ocurre confinar a un animal social como don Federico Zacatín? Como dicen los italianos: “va fan culo 2020”. A por un 2021 del Renacimiento.

  • Reply Dora Muñoz 28 diciembre, 2020 at 11:31 am

    Como siempre, muy bien. Es verdad aque hoy no hace reir del todo. Pero así es, a ver si vamos a tirar el niño con el agua de la bañera. A ver si ya falta poco de todo esto. Ayer pensaba en el día que nos dijeran: ya está, todos vacunados, pueden salir a la calle y abrazarse. Y, oye, se me saltaron las lágrimas, a mí que soy poco de abrazos…

    • Reply Rosa 28 diciembre, 2020 at 5:59 pm

      “A ver si vamos a tirar al niño con el agua de la bañera”, me ha encantado. En breve nos echamos a la calle a darnos abrazos. A ver qué pasa con doña Araceli, la casi centenaria que se vacunó ayer, y nos tiramos a la vacuna como locos. Molt d´anys y a por un nuevo año donde Federico Zacatín pueda invitarnos a un café en el Mercado de san Agustín.

  • Reply Antonio Rafal Parrilla Muñoz 28 diciembre, 2020 at 5:43 pm

    “Aquí compran las mujeres… que cortan el bacalao” El eslogan de la entrada; buenísimo y tendría para un relato largo y tendido. ¡Ay! ese medico! No sabemos si de forma consciente o poco acertada, pero más parece que el confinamiento le dará la baja a don Federico y de paso al marcapasos de la marca Trotón. “Puri, ¿Cuántos días me quedan?”… continua nuestro señor Zacatín demostrándose la inocencia y dependencia total de su costilla. Y ya para remate.- la tenue voz de don Federico -—Puri, ¿me he salvado ya?.. Un relato corto pero ilustrativo del mundo actual.
    He disfrutado un montón, Rosa.

  • Reply Rosa 28 diciembre, 2020 at 6:03 pm

    El eslogan verás que me lo copian en el Mercado de San Agustín. Soy asidua al puesto de la Puri, que me deja los boquerones como una patena. Don Federico estaba enamorado hasta el tuétano de su Puri, alias la Brótola. Te contaré que la Puri no se separa de don Federico, que ya ha recuperado la salud. Eso sí, el Zacatín no vuelve a poner un pie en la sierra, te lo digo yo. Un gran abrazo y feliz año, amigo Antonio.

  • Reply HOMO SAPIENS "CANIJUDIENSIS" 29 diciembre, 2020 at 1:04 am

    Estimada Rosa María, sublime la trama y el desenlace de su relato.
    No sé si habrá sido esa su intención pero ya me veo venir el lío, en estos tiempos de pandemia, de la disyuntiva que podría plantearse con la lectura de las andanzas del desventurado Federico: libertad versus confinamiento.
    Eso de la libertad individual está muy bien, es magnífico, pero si no es solidaria o se utiliza como arma arrojadiza contra los derechos y libertades de los demás se queda en un concepto vacuo, sencillamente porque sin los demás no somos nadie. Y alguien que no es nadie no puede ser nada, ni siquiera libre.
    Desde mi libre albedrío, aceptando las consecuencias de mis actos, he decidido aprovechar algunos de los momentos de reclusión para seguir disfrutando del sano humor y sabiduría popular de sus relatos. Retazos de pura vida.
    Aprofito l’ocasió per desitjar-los un any nou ple de salut per a tothom.

    • Reply Rosa María Mateos Ruiz 29 diciembre, 2020 at 10:10 am

      Querido Canijudiensis. Vivimos en unos tiempos en los que hay que desmenuzarlo todo, analizarlo, ponerlo bajo lupa. Este humilde relato no tiene pretensión alguna, salvo contar las desventuras de don Federico Zacatín. La libertad individual que la ejerza cada uno como le plazca, ¿no le parece? ¿Quiénes somos para dar sermones? Los que hacemos algo parecido a las artes estamos hasta las narices de contar las palabras, de ser políticamente correctos todo el rato, de medir las opiniones. Libertad versus responsabilidad. Yo elijo por orden alfabético. Una abraçada i Feliç Any!!!!

    Leave a Reply