Curiosidades de ciencia

Chulito playa

18 junio, 2018

En uno de esos duermevelas de la siesta conseguí tragarme enterito un documental sobre la gran migración anual de los ñús. Y hasta me interesó. Cuando cesan las lluvias, más de un millón de estos antílopes africanos inician la «Ruta del Bacalao», desde las llanuras del Serengueti en Tanzania, hasta los verdes prados de la reserva Masai Mara en Kenia. Se trata del acto épico más imponente de la naturaleza.

Si se hiciera un concurso de feos entre los mamíferos que pueblan la Tierra, los ñús serían expulsados por profesionales. Pero como dice el refrán: «Mejor feo y atrayente que buen mozo y repelente». Estos bicharracos, maltrechos y greñudos, aprovechan la ruta para ligar mediante un despliegue de «sex appeal» sin parangón entre los cuadrúpedos.

Las hembras son las responsables de escoger a la pareja en casi todas las especies de animales. Esta selección tiene como objetivo dejarse fecundar por machos fértiles, con buenos genes y un sistema inmune de primera. Para ser el elegido -pobreticos- los machos tienen que currárselo a fondo. La naturaleza ofrece todo un abanico de estrategias de lo más variopintas, que suelen ser muy costosas en términos de supervivencia, pero que compensan por el éxito reproductivo. Imaginen lo duro que es para un ciervo ramonear todo el santo día con la cornamenta a cuestas, o el reclamo que supone el bello canto de cortejo de las aves para sus depredadores. Tendemos a menospreciarlo, pero el género masculino arriesga muchísimo en conseguir pareja.

Las características y comportamientos para convencer a la chica de que uno es el mejor pueden ser de lo más extravagantes, pero se establecen tres estereotipos:

Modelo Sylvester Stallone. A pelea limpia entre ellos y aplicando literalmente la ley del más fuerte. Astas, cuernos, dientes y músculos como armas para competir en una batalla que decidirá quién vence, y por lo tanto se aparea, y quién se quedará para vestir santos.

Modelo George Clooney. El despliegue de todos los encantos para un cortejo amoroso a través de: plumas, perfumes, cantos, bailes, saltitos, colores llamativos, regalos, etc. Son los seductores por excelencia; aquéllos que invierten una gran cantidad de tiempo y energía en mostrarse irresistibles.

Modelo Humphrey Bogart. Ni fuerte ni guapo, pero se cree ambas cosas. Es lo que tienen los chulos. Aunque también practican la guerra de cornadas, los ñús se englobarían en este grupo. Se ven forzados a practicar bravuconadas y payasadas para impresionar a las hembras: dan brincos de costado, trotan en círculos y se suben al lomo de los amigotes. Esto último no lo hacen para otear los peligros de la sabana, sino para ser vistos por las candidatas.

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Nuestro Humprey particular (o más bien Alfredo Landa) durante los veranos de la primera adolescencia respondía al nombre taurino de «Bienve».  El amigo, aunque de porte achaparrado y con andares de patizambo, se creía el Robert Redford de la playa. Eso sí, era muy simpático y dicharachero. Las niñas de su quinta no le hacían ni puñetero caso, así que se pegaba a nosotras en busca de público femenino. El pobre no sospechaba que -aunque más pequeñas- teníamos bastante más mala leche que las de su edad.

Las llegadas a la piscina del Bienve eran recibidas con aplausos y risitas. Entraba metiendo barriga con la toalla al hombro, la cadena gruesa de oro al cuello, y unos bañadores muy ceñidos con las gomas pasadas. Enseguida le jaleábamos para que nos hiciera el repertorio olímpico: barrigazos boca abajo, espaldarazos boca arriba, y sus saltos de cabeza doblando las patillas. Salía por la escalerilla hecho un Cristo y con más marcas rojas en el cuerpo que el hermano de Jackie Chan. Cuando ya estábamos cansadas del espectáculo, aprovechábamos sus inmersiones para marcharnos a la francesa, como se abandonan los zapatos viejos, que diría Sabina.

Su padre era igualito que don Pantuflo Zapatilla, con una voz ronca de viejo militar y cara de pocos amigos. Cuando llegaba la hora del Telediario le pegaba un grito desde el balcón: «Bienve, a comeeeeer», y el niño salía de un brinco de la piscina, como cuando le lanzas a una foca el pescado al aire. Igual que ahora, que te pasas cuatro horas dando vueltas a la piscina para que la criatura salga del agua. El Bienve no, él cumplía a rajatabla la disciplina que le imponía don Pantuflo (que no era poca), mientras nosotras (más insubordinadas) nos cachondeábamos de esta sumisión filial de nuestro donjuán.

Las mayores aventuras del verano tenían lugar los días que soplaba poniente, entonces ondeaba la bandera roja en la playa y el baño estaba prohibido. Allí que íbamos en pandilla para saltar las olas y luchar contra la resaca del mar. En una de esas fanfarronadas temimos por la vida del Bienve. Desde la orilla fuimos testigos de su lucha contra el oleaje y de su incapacidad para salir de aquel atolladero de corrientes marinas. Si no llega a ser por «la Mari» recogemos su cuerpo en Marruecos. Ella era nuestra espalda plateada, la hembra dominante, la Michael Phelps española. Le sacó como a un kleenex sucio, con el bañador por las rodillas y la autoestima por los suelos. Y sí, le vimos todo al muchacho.

Estuvo dos semanas sin aparecer lamiéndose las heridas, pero regresó al cabo como si nada hubiera pasado. Lo mejor de los chulitos de playa es su perseverancia, el tesón que ponen en conseguir el objetivo. A finales del verano el Bienve tenía una novieta. La hermana pequeña de «la Mari» sucumbió por fin a las cabriolas y los brincos olímpicos del Casanova.

Cuando les vimos llegar agarrados de la mano, nuestra líder entornó los ojos en un gesto de desaprobación y dijo:

—Si lo llego a saber, le salva Rita la Cantaora.

© Fotografía: Jean-Jaques Alcalay

Entrada relacionada: https://laletradelaciencia.es/las-dimensiones-del-pudor/

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12 Comentarios

  • Responder Dora 20 junio, 2018 a las 5:43 pm

    Como siempre, buenísimo!!

  • Responder PEDRO SÁNCHEZ GÓMEZ 20 junio, 2018 a las 5:45 pm

    Excelente artículo. Enhorabuena

  • Responder Rafa 20 junio, 2018 a las 5:57 pm

    Muy divertido y refrescante a la vez que “taxonómicamente” representativo de las categorías “machoseductoras”. Feliz verano y si vas a la playa corrobora la existencia, también hoy, de los “Bienves” de turno.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 20 junio, 2018 a las 7:37 pm

      Gracias Rafa. Los “Bienves” de turno han cambiado poco. Las estrategias y la finalidad son las mismas, solo que ahora llevan más aderezos. Me encantaría saber qué fue del Bienve, si se casó, tuvo hijos…… O si aún sigue por las playas haciendo de las suyas. Grandes personajes.

  • Responder Antonio Rafael Parrilla Muñoz 20 junio, 2018 a las 6:03 pm

    Esta es “mi Rosa”: Genial y dispuesta ponerse la montera, con toda la gracia que la caracteriza. !!

    Gracias, amiga, que buen “ratico” de lectura ininterrumpida y que bien planteado el objetivo del “probe” macho”, incluida la foto, que si la ve la casa Osborne, rápidamente se la adjudica y quita al negro y apolíneo toro. Esta entrada es como agua de mayo, pero en junio, entre tanta noticia triste , política o económica; es como un re-fresquito sorbete de verano. Me ha quedado claro el dicho de “bailar al son que le toquen” en esta ocasión aplicado a la forma de conseguir por parte de los machos transmitir los genes. Bienve me ha recordado a otro modelo que con tu permiso agrego con el siguiente chascarrillo de pueblo.- Este se llamaba Luismi y pretendía a mi cuñada y pertenecía a la clase especial “don Tancredo” de forma que se colocaba junto a la pretendida y no decía ni mu y al rato se marchaba (dado el nulo éxito obtenido) Un día escribió una pequeña nota a su pretendida y por la gracia que tenia la misma , dejo su contenido en poesía. …”Cabalga el caballo veloz, vuela la alondra ligera, yo que no soy de Iznalloz; ni vuelo, ni cabalgo, ni pollas” (perdon por el taco pero…).
    Un saludo.

  • Responder Rosa María Mateos Ruiz 20 junio, 2018 a las 7:41 pm

    La poesía de tu proto-cuñao me ha dejado impactada, ¡qué calidad del verso! Don Tancredo es otro grupo a incluir. Con esa gracia poética no sé cómo tu cuñada no cayó en sus redes. Ni de Iznalloz ni pollas.
    Sí, qué falta nos hacen unas risas con todo lo que está cayendo. Confiemos que el verano sea como un mar en calma y nos de un respiro. A disfrutarlo, y a escribir la segunda entrega del camaleón. Un abrazo Antoñico.

  • Responder Esther Torralbo 20 junio, 2018 a las 9:49 pm

    Muy bueno Rosa! Acabo de recordar, un amigo divorciado el año pasado en la piscina sometiendose a la depilación láser ante su nueva situación, desde la sorna le comenté que a las mujeres no nos gustaban los pelos por todo el cuerpo, a lo que me respondió que en las piernas y pecho era VARONIL (yo me partía de risa) ya cincuentón… y con aspiraciones a yogurines…

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 20 junio, 2018 a las 11:03 pm

      Ji,ji,ji, qué bueno. La edad no cambia la actitud. Tú que también eres de refranero: ” al hombre, aunque se le caiga el pelo y el diente, le dura la simiente”. El chulito playa es atemporal.

  • Responder HOMO SAPIENS CANIJUDIENSIS 22 junio, 2018 a las 10:33 pm

    Estimada bloguera, no por tópico es menos interesante el tema del eterno postureo masculino a la hora de intentar ligarse a las hembras de turno. Su entrada da para mucho ji ji y mucho ja ja, sobre todo por parte de ellas, pero en uno de sus habituales lapsus científicos se ha olvidado usted de hurgar en las causas primigenias del origen y subsistencia hasta nuestros días de los especímenes “chulito playa”.
    Efectivamente, deberíamos remontarnos a la enconada rivalidad por la supervivencia entre el homo neanderthalensis y el homo sapiens. Nadie discute que los neandertales eran los que tenían las mejores papeletas genéticas para haber sobrevivido a las duras condiciones climáticas imperantes por entonces, pero gracias a su ligera ventaja cráneoencefálica los sapiens supieron poner en liza su arma secreta: las femme sapiens. Los pobres neandertales se volvieron locos con la llegada de tan esculturales bellezas y se lanzaron a aquello que tan arraigado tenían en lo más profundo de su ADN cognitivo: la caza de aquellas desvalidas presas. Ya sea por el fallido trueque genético entre especies o por el súbito abandono de sus obligaciones reproductoras entre las de la suya propia, el caso es que los neandertales terminaron por desaparecer.
    Pero su venganza fue terrible pues dejaron entre los machos de la especie superviviente el estigma culposo de tener que redimirse ante sus hembras porque, todo hay que decirlo, ellas acabaron por apreciar las portentosas cualidades amatorias de aquellos muchachotes algo rudos pero verdaderamente salvajes y apasionados cuando se ponían a la tarea. Por supuesto nada que ver con los sosainas de sus apolíneos congéneres.
    De ahí la sarta de tonterías, en cualquiera de sus estereotipos, que tienen que hacer desde hace cientos de miles de años los macho sapiens para atraer la atención de las desganadas y nostálgicas hembras sapiens, pues evidentemente desde aquellos tiempos remotos para ellas, respecto a ellos de aquellos, siempre fueron odiosas “las comparaciones”.
    Un plaer poder aportar una mica d’il•lustració sobre l’assumpte.
    Atentamente suyo…

  • Responder Rosa María Mateos Ruiz 23 junio, 2018 a las 12:34 pm

    Sí, los Neandertales debieron ser George Clooneys fortotes y dicharacheros. Ahí están en nuestro genoma. Y esta vez coincido plenamente con usted. Las hembras sapiens venimos arrastrando una nostalgia por aquéllos muchachotes que ya no tiene solución. Se nos extinguieron.
    Gràcies por tan sabio análisis.

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