Cajón "desastre" Literatura

Beso de carrillera

1 septiembre, 2017

Fue una comida entre desconocidos, de esas que se improvisan al azar a la salida de un curso veraniego en una ciudad prestada.

– ¿Comemos juntos por aquí cerca?

Los tres comensales que me acompañaban eran, por un lado, una pareja de cuarentones altos y muy delgados (él y ella), vestidos con ropa deportiva -entre Coronel Tapiocca y pandillero americano- y carentes de pasión alguna y gracia en los ademanes. La tercera era una señora estupenda que debía rondar los cincuenta, una de esas mujeres con garbo y guapas de nacimiento, entradita en carnes pero apretadas, con una melena morena con contenido. Solo me quedé con el nombre de la última: Carmela, un nombre que le iba como anillo al dedo a su porte lozano y voluptuoso.

Al decidir el menú, los olímpicos nos advirtieron de su tendencia vegana, ovolactovegetariana y macrobiótica (no recuerdo si en ese orden), así que optaron por una especie de ensalada que, lo juro, parecía un plato de alpiste para pájaros. Yo me decanté por una carrillera al jerez con patatas fritas, por solidaridad con doña Carmela. Con el primer plato empezó toda una charla, muy bien documentada, sobre salud y alimentación: las maldades de la carne roja, los conservadores sintéticos que contiene la carne de pollo y de pavo, los metales pesados que acumula el pescado, la variedad de sustancias químicas artificiales que absorben las frutas y hortalizas procedentes de la agricultura intensiva…, y un largo sinfín de elementos tóxicos que nos echamos al cuerpo a través de la comida. Por un momento visualicé la carrillera como una granada de mano con metralla venenosa, pero me pudo mucho más el hambre y esa querencia por la proteína animal que arrastro desde la niñez: “A buen hambre, no hay pan duro“, empecé con el refranero. Los atléticos se crecieron con ese batiburrillo de semillas de chía, lino dorado y pipas de calabaza, y así nos fueron relatando, uno por uno, los complementos alimenticios que tomaban para suplir las carencias de la dieta sana: pro-pre-sim-bióticos, oligoelementos, vitaminas, minerales, ácidos grasos omega 3, y toda una retahíla de productos que darían para reponer una parafarmacia.

– Vaya, que os tomáis los filetes en cápsulas dijo la Carmela mientras mojaba pan en la salsa de la carrillera.

Yo me quedé con el cante de la levadura de cerveza y la quínoa para fortalecer el cabello. Al mirarles a la cabeza, me acordé de esa frase-sentencia tan típica de mi madre: pelillo de rata.

Me vinieron de golpe todos los remordimientos cuando empezaron a hablar del ejercicio físico que practicaban en pareja: running-tres días a la semana, spinning-en días alternos y trekking y hikking-los fines de semana. Es entonces cuando el michelín de la barriga propia toma empaque y una se dice: “mañana mismo empiezo“, porque he de reconocer que de fitness no ando muy fina. También soy consciente -por la experiencia de los años- que tengo una voluntad con una vida útil de un par de días. Después caduca.

– Pues yo hago walking in the city- dijo la Carmela con recochineo apurando la última patata de la carrillera. Yo aquí me callé porque “oveja que bala bocado que pierde“.

Llegada la hora de pedir los postres, decidí también tomar partido por la guapa, así que nos zampamos un arroz con leche que estaba de rechupete.

– Azúcar y canela, hacen la vida buenarecordé del refranero.

Los probióticos se decantaron por un té antioxidante y regenerador para depurar el alpiste, pero se vengaron recordando los efectos nocivos que tiene el azúcar sobre el organismo:

– Además de ser la principal causa de la obesidad, inhibe el sistema inmunológico, dispara el colesterol malo y los triglicéridos, y es un agente cancerígeno de primera. La mayor droga legal que existe- dijeron al unísono.

– Tendré una muerte dulce dijo mi compinche gastronómica.

Cuando el camarero, al retirar los platos, nos ofreció un chupito de pacharán, la Carmela y yo nos miramos con un gesto de complicidad, y le dije que sí con la cabeza. Total, hasta el día siguiente no iba a empezar con la nueva vida biosana. “Pan para hoy y hambre para mañana”, pensé para mis adentros. Esta vez, me juré que no compraría otro artilugio de tortura en el Decathlon, que ya tengo toda una colección de cachivaches gimnásticos en lo alto del armario. Menos mal que asumo una falta total de disciplina para luchar en el gimnasio contra la pérdida paulatina de cintura, porque otras veces he pagado la matrícula y a las pocas semanas he tomado las de Villadiego. Como diría la madre de la Reina de Inglaterra: entre el Gym y el Gin, me quedo con lo segundo.

Esperamos la llegada del marido de Carmela mientras hacíamos las despedidas pertinentes en la puerta del restaurante. El dúo dinámico anunció que bajaría hasta la playa a nadar un rato.

Beach swimming-dije yo.

Tened cuidado, no se os vaya a cortar la digestióndijo la Carmela con un toque de ironía.

En eso estábamos cuando llegó un señor muy elegante, que cogió a la Carmela por la cintura y le pegó un beso sonoro de película, al estilo Humphrey Bogart. Fue un beso no simulado, sin complejos y de los de verdad.

Calle abajo, camino de la mar, se alejaron los deportistas a ritmo de marcha militar y dando saltitos como un par de jirafas por la sabana. Los “jodíos” no tenían ni un gramo de grasa. Sentí al mirarles el peso de la culpa y el corchete de la falda a punto de estallar. Calle arriba, bien agarrada a su Humphrey, se marchó la Carmela moviendo alegremente las caderas al compás salsero de su música interior.

Me vino a la cabeza esa frase tan repetida: somos lo que comemos.

 

© Fotografía: Frank Augstein

 

También te puede interesar

9 Comentarios

  • Responder Antonio Rafael Parrilla Muñoz 1 septiembre, 2017 a las 10:23 pm

    Amiga Rosa:

    Bienvenida al tajo, se te echaba de menos!!.

    Me ha encantado esta nueva entrega, cargada como siempre de ese buen humor que te caracteriza. Pintas la actual estampa social muy acertadamente( el blanco y el negro) ; tengo una conocida que es parecida a tu parejita de “inglateses” o por lo menos seguidores de su terminología, que dicho sea de paso tenemos que reconocer son gente lista(los ” inglateses” digo) pues no pierden una y aplican sus términos a todo lo que se menea, pero a too, toooo!! Está amiga o conocida es el lamento de un suspiro y lo mas parecido al insecto palo. En cambio el otro extremo la Carmen de España valiente, la de la carrillada… que placer saber que aún quedan personas así, de una pieza, y naturales.

    En resumen,que me ha encantado saborear tus comentarios
    .
    Bienvenida!!

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 2 septiembre, 2017 a las 10:02 am

      Gracias Antonio. Lo de los “inglateses” me ha gustado. En esto de la alimentación parece que nos vamos a los dos extremos, como en todo. Por un lado, la obesidad se está convirtiendo en la principal enfermedad del S XXI; por otro lado, la industria de los complementos alimenticios es cada vez más pujante. La virtud está en el término medio, en la Carmela. Bienvenido también de vuelta. Un abrazo.

  • Responder La cuñá 2 septiembre, 2017 a las 7:35 pm

    Querida cuñá. Mujer refranera, mujer puñetera.
    Con lo sanos que están los veganos, macrobióticos, y demás modernos!!!

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 3 septiembre, 2017 a las 10:49 am

      Puñetera soy un rato, eso es verdad, y refranera-también. Me gusta más un refrán que a un tonto un lápiz. La salud: a veces se encuentra en una tarta de chocolate…..

  • Responder El Seco 4 septiembre, 2017 a las 10:31 am

    Veo que has vuelto del verano en plena forma, y dispuesta a “comerte el mundo”.
    Y ahora, y sin cargo de conciencia voy a por mi tostada con aceite, tomate y grasiento jamón.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 4 septiembre, 2017 a las 7:27 pm

      No te va a llevar el aire. Ése sí que es un desayuno saludable. No te veo a ti con la quinoa y las semillas de lino…….

  • Responder Antonio Azcón 14 septiembre, 2017 a las 1:51 pm

    “…visualicé la carrillera como una granada de mano con metralla venenosa”, Jajaja…
    Querida amiga Rosa: con esta entrega me has hecho reir y sonreir una “jartá”. Pones de manifiesto con sentido del humor como muchos dejan de lado los verdaderos placeres de la vida -al fin y al cabo, después de “lo otro”, como el comer no hay ná- en pos de conseguir unos minutillos mas de longevidad de una vida tan aséptica como aburrida. Creo no equivocarme si digo que a esos “inglateses” se les podría aplicar el dicho de que “en esta vida, quien no tiene cruz se la hace con dos palitos”, (otra sentencia para tu colección).

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 14 septiembre, 2017 a las 5:05 pm

      Pues tienes razón, dejar de disfrutar los placeres gastronómicos para durar un par de semanas más, no tiene mucho sentido. Hay gente que se autoexige demasiado y carga con cruces que son un sinsentido. La vida son dos días, y la mitad llueve….habrá que disfrutarlos, digo yo. Un abrazo enorme y gracias por aflorar y alimentar mi refranero.

  • Responder HOMO SAPIENS "CANIJUDIENSIS" 15 septiembre, 2017 a las 12:38 am

    Estimada bloguera; bien hallada de nuevo, creo que nunca mejor dicho, en ésta su casa.
    Muy acertada su entrada en estos días llenos de buenos propósitos para intentar paliar los devastadores efectos de las vacaciones sobre nuestros “michelines”: cañitas, tapitas, siestas, after hours, copitas, etc. Para tal fin conseguir, en teoría, nada mejor que un elaborado plan repleto de dietas blandas y esforzadas tablas gimnásticas. Eso sí, acompañado todo ello del más natural de los “postureos” posibles.
    Aquí es donde se nos plantea el dilema de cuál de los dos modelos por usted planteados seguir: el de la esbelta pareja o el de la señora estupenda.
    Por mi parte puedo asegurarle que, gracias a mi privilegiada constitución genética, soy capaz de asumir los dos a la vez sin que se me planteen ningún tipo de dilemas psicológicos o macro bióticos. O como lo diría el bueno de Machín: “Cómo se puede querer dos mujeres a la vez…Y no estar loco”
    Tot un plaer tornar a gaudir dels seus relats.

  • Deja una respuesta