Literatura

40,000 likes y una guantá

1 febrero, 2018

Pocas veces caso tan bien un título con una fotografía. Ambos me han vuelto a recordar a mi hijo americano, a quien no consigo olvidar. Me dejó una huella más profunda que la de Neil Armstrong en la Luna. Hicimos un viaje a Madrid con el muchacho para quitarnos un poco el pelo de la dehesa y enseñarle las maravillas de la capital. Se nos ocurrió llevarle al Museo Thyssen. Maldita la hora. Antes se había metido una mano de churros de campeonato y, por una vez, andaba con todas sus facultades mentales despiertas. Los clásicos del museo no le interesaron lo más mínimo y pasó -sin levantar la cabeza- ante las obras de Rubens, El Greco y Rembrandt. En la sala de los impresionistas se nos volvió loco; comenzó a reconocer las pinturas que estaban en sus libros de texto americanos. Sacó el iPhone y se transformó en un pistolero del Lejano Oeste: selfie para un lado y para el otro, para arriba y para abajo, poniendo caritas de interesante. Juro que todos los cuadros los miró de espaldas, en la pantalla de su propio móvil. El protagonista era él y no los infelices de Manet, Cézanne, Renoir y Van Gogh. El niño rizó el rizo, realizando una visita virtual estando allí (éso no lo mejora ni Puigdemont). Agotado por tanto esfuerzo se sentó algo más de media hora en un banco de la sala para subir todas las fotos a Instagram. Al cabo de un instante recibí yo un mensaje de su madre dándome las gracias por mostrar la cultura europea a su hijo.

Por no pensar mal, yo creo que esto del verbo “to be” les confunde. Para ellos es lo mismo ser que estar, y quieren estar (sin ser) en todos lados. Aún nos preguntamos en casa cómo es posible que el americano aparezca en la orla de graduación de los de segundo de bachillerato, si yo le matriculé en primero y no fue a la mitad de las clases. Pero él está (he is), bien peinado y sonriendo en la foto. ¿Cómo lo hizo? Es un misterio que me llevaré a la tumba sin resolver.

Se equivocan si me ven venir, pensando que voy a hacer una entrada contra las redes sociales y el selfineo. Yo también he caído en la trampa y mato por un buen puñado de likes. Facebook y Twitter me tienen enganchada, es más, estoy en una red social de investigadores donde me dicen cada día los colegas que han mirado mis artículos y a los que les han gustado. Desafortunadamente son muy pocos; tengo menos tráfico científico que una carretera comarcal de Teruel. Sin fustigarme demasiado, he de reconocer que mi ego sufre cuando nadie me comparte en las otras redes; subo posts en los que mis amigos virtuales apenas me regalan un mísero corazoncito. Poco a poco voy aceptando que no soy popular (popu), pero me cuesta. Está claro que mi perfil tiene menos gancho que los programas culturales de la 2 y que como influencer no me ganaría la vida. Sí, he llegado a un nivel que, para tener más seguidores, estoy dispuesta a pronunciar aquélla famosa frase marxista: “Si no les gustan mis principios, tengo otros.

Sinceramente, yo encuentro maravilloso esto de inventarse vidas y escapar de la misma personalidad de todos los días. La vida online permite ahora compartir lo que quiero que crean que he vivido y tener la rapidez de Mortadelo para cambiar de disfraz. La volatilidad e inmediatez de la red no dejan tiempo para discernir lo auténtico, y eso es una ventaja. Ha ganado la batalla el mundo de las apariencias y triunfan los piratas que saben navegar en estos nuevos mares digitales. Buenos tiempos para los fanfarrones. Otra estupenda noticia es que por fin hemos aprendido a cuantificar todo con cifras: tanto tienes tanto vales; da igual que sean seguidores, rating, share, el índice “h” o la madre que te parió. Con 40,000 likes ya eres trending topic y estás encumbrado como líder de opinión. Hemos mejorado mucho en objetividad.

Así es, la imagen ha vencido porque no requiere ejercicio intelectual alguno y es instantánea como el Colacao. La literatura te permite igualmente salir del aislamiento, superar con la ficción la insatisfacción de la realidad, pero el esfuerzo es mucho mayor. Hay que leer y pensar. La nueva pluma del siglo XXI es el palo del selfie. He visto a algunos con una pértiga de atletismo por la Alhambra para pillar así más ángulo. Yo no soy capaz de hacerme una foto a mí misma. No por principios morales, sino porque de lejos no veo tres en un burro.

¡Cómo echo de menos a mi americano! Mi inspiración, mi muso. Cuando se marchó,  para alimentar aún más su arrogancia, me preguntó:

¿Saldré algún día en tu blog?

No te quepa la menor duda, le contesté.

Después de releer la cantidad de anglicismos que he tenido que utilizar en esta entrada, tengo la absoluta certeza que mi americano es el triunfador. Y yo una completa pardilla.

© Fotografía: Rafiq Maqbool

 

 

También te puede interesar

13 Comentarios

  • Responder Antonio Parrilla Muñoz 1 febrero, 2018 a las 6:04 pm

    Amiga Rosa: La foto “tá quedao” de escandalo…, jajajá, cuanta razon tienes en tus palabras que con tanto humor nos haces llegar sobre la posición que actualmente esta tomando la foto y que no ha poco tiempo era solo para confirmar o ampliar lo escrito.
    Interesante tu final : “Después de releer la cantidad de anglicismos que he tenido que utilizar en esta entrada para hablar del presente, tengo la absoluta certeza que mi americano es el triunfador. Y yo una completa pardilla.” Yo pasé el otro dia por este calvario” pues habia compartido mi primera entrada en mi recien nacido blog y estaba yo de total subidón y la realidad hizo que me durase muy poco, pues me sentia emocionado con tanto me gusta y tanta visita, pero al preguntar a varios sobre que le habia parecido el relato, me soltaron con toda normalidad, ” el relato lo leeré mas tarde, a mi lo que me ha gustado ha sido la foto” ….¡¡¡???, me dejó un poco “arrugao”.
    Amiga Rosa: Un peldaño más o quizas la consolidación del peldaño subido, escribes yá como te dá la gana y se traduce en que te sale de maravilla y con independencia de los contenidos que tocas , a mí me haces llegar los sentimientos de cariño y admiración que generan otras culturas y otras gentes, en la figura de tu “niño americano”, yo te comprendo pues he experimentado también esas bellas sensaciones con otra americana, Helen y con un holandes Gerard. Como siempre nos dejas con la miel en boca y en espera de que algún dia te dé “el barrunto” y nos sorprendas con una novela.
    Un abrazo.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 2 febrero, 2018 a las 4:54 pm

      Muy buena la anécdota de tu blog y la foto. Es difícil que alguien preste en las redes atención a leer más de un párrafo. Lo que llama la atención es la imagen. Pero la ventaja es que puedes también llegar a gente maravillosa, que te enriquece y anima. Como sabéis los zen, siempre -en todo- hay un yin y un yan. Yo siempre me quedo con los positivo, y todos vosotros enriquecéis y alimentáis el blog con vuestros comentarios. Un abrazo.

  • Responder Andrés Pi 1 febrero, 2018 a las 6:12 pm

    Rosa: “Chapeau”,
    Es mi primer comentario a tus innumerables artículos. Los enemigos de los selfies tambien somos poco propensos a publicar lo que pensamos. Para tu alivio, sospecho que no soy un caso único. Quizas no tengas el trafico de una autopista, pero sí el de una nacional.
    Sigue así.
    P.D.: tu americano va para presidente de USA.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 2 febrero, 2018 a las 5:09 pm

      Hombreeeeee. Here you are!!! Vamos primero por las carreteras comarcales con el tractor y luego ya veremos.
      Pues sí, mi americano tiene madera de líder político y oiremos hablar de él. Es un fucking master of the universe. Llegará lejos sin duda.
      Un besote compañero.

  • Responder Yiiyo 1 febrero, 2018 a las 7:21 pm

    Entrañable, divertido, que bien nos lo cuentas.
    Hoy seré breve, nos hablas sin arengas, sin moralinas, “cést la vie”……. o simplemente podrías decir:”ma vie est comme ça”

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 2 febrero, 2018 a las 5:06 pm

      Un día tengo que escribir sobre la meada de tu perra en el cuarto del americano. Fue un trauma tremendo para él. Hay que verlo todo con humor, sin moralinas ni discursos. Lo más importante, nunca olvidarse de cachondearse de uno mismo. Se eliminan así los complejos. Beso grande for you.

  • Responder Esther 2 febrero, 2018 a las 8:25 am

    Rosa a mi me gustan! me encantan tus escritos! sobre todo como utilizas el humor , todos los discursos son muy trágicos… dicen que eso”vende más”. Has despertado en mi las ganas de aprender a escribir “en condiciones” incluso ya tengo un par de manuales para enfrentarme a tan ardua tarea , que requiere de gran esfuerzo . Esta navidad descubrí a mi hija de 5 años hablando a su tablet para encontrar antes lo que buscaba, a mi me hizo mucha gracia, pero no deja de indicar por donde van las cosas .
    Besotes amiga Rosa.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 2 febrero, 2018 a las 5:03 pm

      Qué maravilla Esther. No sabes cómo me ha gustado ese interés tuyo por la escritura. Todo es cuestión de práctica, es una carrera de fondo que se empieza poco a poco y día a día. Te animo que lo hagas, cada día un poquito. Es maravilloso jugar con las palabras para montar e hilar todo aquéllo que está en tu pensamiento. Además, encontrarás tu estilo propio. Lo de tu hija hablándole a la tablet me ha hecho reír. Seguro que la ve como una amiga. Un gran abrazo para ti y tu pequeña.

  • Responder HOMO SAPIENS "CANIJUDIENSIS" 2 febrero, 2018 a las 1:09 pm

    Estimada bloguera, se nota que tiene usted un gran corazón y no puede quitarse de la cabeza los recuerdos de “su hijo americano”… Evocando aquel relato de Monterroso podríamos decir: Cuando usted despertó, él (sí, su hijo americano) todavía estaba allí. Así es, gracias al desorbitado avance de las redes sociales, con sus selfies, memes, posts y likes asociados, una simple pesadilla puede convertirse en un mal sueño continuo.

    Como muy bien usted puntualiza el futuro será, o mejor dicho ya es, de aquellos que saben manejar los medios sin el más mínimo escrúpulo o pudor. Todo por la imagen; si además es la mía divina de la muerte, mucho mejor. Resumiendo, ya veo a su hijo americano como sucesor natural del actual inquilino de la Casa Blanca.

    Dado mi escaso poder como influencer, pues mi dominio de las redes es escaso y mi propia imagen de enclenque no ayuda mucho que digamos, me limitaré a añadir un “like” en esta tan divertida como reveladora entrada de su más que meritorio blog.

    Per cert, si per millorar la seva rating necessités més lloances, prego m’ho faci saber i li dedicaria els share que siguin necessaris perquè pugui arribar a assolir el tan anhelat trendig topic. Però segueixi el meu consell, prefereixo molt més la qualitat a la quantitat.

    Quedo como siempre a sus pies.

    PD. Me permito rectificarle, pues aquello del “tanto tienes tanto vales”, se viene aplicando desde tiempos inmemoriales y pasó a ser acto de fe con las, tan aplaudidas por los de siempre, teorías neoliberales tan sibilinamente llevadas a la práctica en las actuales, y a veces pienso que sobrevaloradas, sociedades democráticas. Del resto ni hablamos.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 2 febrero, 2018 a las 4:57 pm

      Mi niño será presidente de USA y espero que se acuerde de la paciencia infinita de su madre española. Entonces iré en la limusina saludando con mi traje de Chanel. Qué bonito será. Mi niño dejará al Trump por los suelos, el del flequillo tieso no le llega ni a la suela de los zapatos. Que pare el mundo que yo me bajo…….

  • Responder MaríaJosé 17 febrero, 2018 a las 10:38 am

    Hola Rosa:
    Me ha encantado el texto, tu forma de plantear con humor el peliagudo asunto de la incidencia de la tecnologīa en el ser. Verás, casi( solo casi) discrepo contigo en que el niño se conforme con estar sin ser. Lo veo concentrado en el tener, en la apropiación; asegurándose de que se lleva esos cuadros consigo. Desconfiando de la memoria, como si en ella no pudiera inscribirse ya nada y hubiera que “externalizarla”. Es muy curioso. En lugar de internalizar, que era el modo que teníamos de hacer de algo una cosa íntima , ahora la externalizamos para hacerla simplemente privada.
    Te felicito.

    • Responder Rosa María Mateos Ruiz 17 febrero, 2018 a las 11:05 am

      Qué rica apreciación María José. Un matiz que no me había planteado. Desde luego el niño estaba muy concentrado en el tener, pero su objetivo no era tener los cuadros, sino la imagen suya con el fondo detrás. Me encanta ese paso, casi invisible, de los íntimo a privado. GRACIAS.

  • Responder MaríaJosé 17 febrero, 2018 a las 10:44 am

    El cualquier caso, eso que he llamado casi discrepancia, solo sería una excusa para hablar;))

  • Deja una respuesta